Página personal de Agustín Celis

Etiqueta: Mafia Página 1 de 2

Leonardo Vitale

Leonardo Vitale


Aunque Leonardo Vitale fue un mafioso insignificante dentro de la Cosa Nostra, apenas un miembro más de entre los miles que han pertenecido a la organización, su figura ha alcanzado una importante notoriedad debido al valor histórico excepcional de su testimonio. Leonardo Vitale no fue solo el primer miembro de la Mafia que se entregó voluntariamente a las fuerzas del orden para colaborar con la justicia; el suyo es también uno de los pocos casos en los que se observa un arrepentimiento sincero, una auténtica renuncia a la mentalidad mafiosa con el deseo explícito de alejarse de ella por completo, cosa del todo imposible para un iniciado en la mafia.

El término pentito, con el que suele designarse a todo mafioso que acaba rompiendo el código de la omertà para dar su testimonio en la lucha contra la Mafia, merece ser explicado para comprender a nuestro personaje. Como se sabe, los pentiti son los arrepentidos, los desertores de la mafia, personas que por uno u otro motivo deciden colaborar con la justicia. Pero por supuesto hay importante diferencias entre ellos. No todos los pentiti son iguales, y la diferencia radica en el motivo que los lleva a hablar. Por esta razón, muchos estudiosos del fenómeno de la criminalidad organizada han expresado sus dudas sobre la fiabilidad de sus testimonios. Obviamente, todos los pentiti son desertores convertidos en delatores, pero no a todos se les puede dar la categoría, superior si se quiere, de arrepentidos. Y entre los auténticos arrepentidos, los menos, Leonardo Vitale ocupa un lugar destacado por haber sido el primero.

Un hombre arrepentido

Nació en 1941 y fue educado en los valores mafiosos que imperaban en su familia de sangre desde hacía varias generaciones. Fue iniciado en la mafia por su tío, que era el capo de la cosca de Altarello Di Baida y, según dejó dicho Vitale, el hombre más influyente de su vida tras la muerte de su padre, también mafioso. Su iniciación se llevó a efecto cuando Leonardo tenía 19 años y, como suele ser habitual, después de mancharse las manos con la muerte de un hombre. Para el ritual de iniciación se utilizó una espina de naranjo amargo, con el que le pincharon el dedo tal y como dicta la tradición.

A partir de su conversión en un hombre de honor, Leonardo Vitale fue entrando poco a poco en la estructura de la Cosa Nostra, llegando en 1970 a ocupar el puesto de capodecina en la familia de Altarello Di Baida; es decir, de jefe de un grupo de diez hombres, aunque el número en este caso puede variar. Hasta entonces, Vitale había participado en trabajos de poca monta, siempre alrededor del negocio de la extorsión: alguna quema de automóviles, el envío de cartas amenazadoras, la recaudación del pizzo en el territorio de la familia, etc. Sin embargo, una vez convertido en capodecina por haber matado a otro mafioso, su tío le fue haciendo partícipe de algunos secretos a los que no había podido tener acceso hasta entonces: la jerarquía de la organización, la existencia de la Cúpula, el relevante papel de Totò Riina como una de las cabezas máximas de la organización o las últimas operaciones de peso llevadas a cabo por la Mafia en Sicilia, como la desaparición del periodista  de L’Ora Mauro De Mauro, y que poco después formarían el grueso de su alegato, o en todo caso el centro de la información por él aportada, una información que permanecería en estado latente, en parte olvidada y en parte a la espera de nuevas evidencias que le dieran el crédito que merecían, y que no llegaron hasta 1984 cuando Tommaso Buscetta, un desertor de la Mafia mucho más influyente que Vitale, se decidió a colaborar con el juez Giovanni Falcone, no tanto por arrepentimiento como por venganza y despecho contra el clan de los corleonesi.

¿Por qué se decidió a hablar Leonardo Vitale? ¿A qué se debió su arrepentimiento? Según parece, su acto de contrición fue el fruto maduro de un drama interno que lo había acosado desde la infancia, y que acabó en una especie de crisis espiritual que le hizo comprender la maldad inherente en la forma de vida que había llevado hasta entonces. Se puede decir que fue su propósito de enmienda lo que lo indujo el 29 de marzo de 1973 a cruzar las puertas del cuartel local de la brigada móvil de Palermo para confesarse autor de dos asesinatos consumados, un intento de asesinato, un secuestro y un buen número de delitos menores. Una vez en poder de la justicia, la prensa no tardó en dar la noticia de su conversión, apodándolo significativamente como “el Valachi de las afueras de Palermo”, en una clara alusión a Joseph Valachi, un soldado de la mafia norteamericana que en 1963 había sido el primer mafioso que se había atrevido a denunciar a la Cosa Nostra estadounidense ante una comisión senatorial.

No obstante, existen importantes diferencias entre los casos de Valachi y Vitale. Cuando el primero se decidió a hablar, ya era un preso de la justicia que cumplía una larga condena por asesinato, y que además había sido condenado a la vez por la Cosa Nostra al creérsele un traidor. Por el contrario, Vitale ostentaba el cargo de capodecina y gozaba de la confianza de su capo, que además era su propio tío, y todo parecía indicar que tenía posibilidades de ascender rápidamente en la estructura de la organización.

Ahora bien, cuando los agentes de la brigada móvil lo interrogaron se encontraron con un tipo mentalmente desequilibrado, que se expresaba oralmente con enormes dificultades, y cuyo discurso estaba plagado de incisos y correcciones, en lo que constituía un patético esfuerzo por dar forma a su pensamiento. Leonardo Vitale vivía angustiado por el temor de creerse un pederasta y, según parece, agobiado ante la idea de parecer menos hombre por ciertas inclinaciones homosexuales que en el mundo de la mafia están totalmente proscritas. Tres semanas más tarde, recluido ya en la prisión de Ucciardone, un juez de instrucción le pidió a un equipo de psiquiatras forenses que valoraran la personalidad del pentito, con el fin de considerar si su testimonio podría ser creíble en un juicio.

Los resultados de este examen psiquiátrico despejaron muchas dudas. Leonardo Vitale fue declarado “semidébil mental”; efectivamente, su inteligencia era límite y su estado de ánimo rozaba la depresión y la tendencia al desequilibrio, lo que hacían de él un tipo impredecible en sus manifestaciones. Además, vivía bajo los efectos devastadores del temor y los remordimientos por una sexualidad no aceptada, castrada por completo y nunca satisfecha. Pero todas estas características personales no invalidaban la información que había aportado. Los psiquiatras decidieron que su enfermedad en nada afectaba a su memoria y, por tanto, su testimonio podía ser considerado valido. Como consecuencia de sus revelaciones, veintiocho personas fueron llevadas a juicio en 1977, de las cuales sólo dos fueron condenadas: el propio Vitale y su tío.

Declarado culpable de asesinato, Leonardo Vitale fue condenado a veinticinco años de reclusión, pero debido a sus peculiaridades mentales pasó la mayor parte de su condena en instituciones psiquiátricas, hasta ser puesto en libertad, finalmente, en junio de 1984. Seis meses más tarde, el 2 de diciembre de ese mismo año, y cuando salía de misa en compañía de su madre y de su hermana, un desconocido acabó con su vida pegándole dos tiros en la cabeza.


La historia de Leonardo Vitale fue llevada al cine en el año 2006. La película, dirigida por Stefano Incerti, se titula L’uomo di vetro, y está basada en el libro homónimo de Salvador Parlagreco.


De La Historia del Crimen Organizado, Agustín Celis Sánchez, Ed. Libsa, Madrid, 2009


 

Gaspare Mutolo y Tommaso Buscetta

Tommaso Buscetta


La Piedra Rosetta de la Mafia Siciliana


Tommaso Buscetta, el “capo de dos mundos” que en 1984 se convirtió en el arrepentido por antonomasia tras sus históricas declaraciones ante el juez Giovanni Falcone, es quizá la personalidad más compleja e interesante de la Cosa Nostra siciliana, sobre todo si tenemos en cuenta que su paradójico “arrepentimiento” no fue otra cosa que una nueva manera de reafirmarse, casi con orgullo, en su condición de miembro de una Mafia que había dejado de existir, según él y otros pentiti posteriores, en la época en la que Buscetta tomó la decisión de comenzar a hablar, aportando una ingente cantidad de información sobre la Cosa Nostra y confirmando de esta manera la existencia del fenómeno criminal llamado Mafia.

Conviene aquí recordar que aunque hoy ya nadie duda de la existencia de tal fenómeno organizado, todavía en la década de 1980 había muchas personas que consideraban que la Mafia no era una organización criminal como tal, sino más bien, y únicamente, un estado mental que había afligido al pueblo siciliano durante toda su historia, una especie de “sentimiento mafioso” que nadie que no fuera siciliano podía llegar a entender. A este respecto, resulta ya clásico mencionar la incomprensión con la que se encontró el juez Falcone en los inicios de su carrera por parte de muchos de sus compañeros de oficio. Uno de los magistrados con los que trabajaba habitualmente, un incrédulo, le llegaría a preguntar: “¿pero tú crees realmente que la mafia existe?” Y sin embargo, hacía ya más de un siglo que existían sobradas evidencias de que tal fenómeno siciliano era una realidad y no solo un mito o una serie de costumbres violentas arraigadas en el pueblo. En 1984 era tanto lo que no se sabía sobre la Mafia, que Tommaso Buscetta fue algo así como la piedra rosetta que el movimiento antimafia estaba necesitando para comprender cabalmente aquello a lo que se enfrentaban. No hay mejor manera de definir a Buscetta que acudiendo a la descripción que de él hizo el juez  Falcone en su libro Cosas de la Cosa Nostra:

“Para nosotros fue como un profesor de idiomas que te permite ir a Turquía sin tener que comunicarte con gestos”.

Sin embargo, aún los historiadores de la Mafia no se han puesto totalmente de acuerdo sobre un punto de capital importancia, y que debemos tener en cuenta si queremos comprender la paradójica actitud de Tommaso Buscetta. Para la mayoría de los estudiosos, la Cosa Nostra siciliana es exclusivamente un fenómeno de criminalidad organizada, tal y como ocurre con otros grupos delictivos, como su homónima estadounidense, como las tríadas chinas, la jakuza japonesa, las mafias del este de Europa o los cárteles de la droga hispanoamericanos, cada uno de los cuales tiene su propia historia, evolución y organigrama internos. En cambio, para otros, como Giuseppe Carlo Marino, la Mafia de Sicilia es “un singular fenómeno político siciliano orgánicamente relacionado con un hábito social consistente en la utilización sistemática de la violencia y la criminalidad”.

Solo teniendo en cuenta el segundo criterio, creo que se pueden entender estas palabras de Tommaso Buscetta al juez Falcone durante una de las entrevistas, y que explican ya, de alguna forma, por qué un mafioso convencido como Buscetta decidirá finalmente convertirse en colaborador de la justicia contra la Mafia:

“En esencia, cuando llegué a Palermo, descubrí, junto con una increíble riqueza, otra no menos increíble confusión en las relaciones entre las distintas familias y los hombres de honor, hasta el punto de que enseguida me di cuenta de que los principios inspiradores de la Cosa Nostra habían declinado definitivamente y era mejor que yo me fuera cuanto antes de Palermo, pues ya no me reconocía en aquella organización en la que yo creía de muchacho”.

El regreso a Palermo al que se refiere Buscetta tuvo lugar en 1980 de forma casi clandestina, tras haber pasado varios años fuera de la isla y una buena temporada en la cárcel por tráfico de drogas. En cuanto a la increíble riqueza y la no menos increíble confusión entre las familias, se refiere, lógicamente, a la situación creada por los corleonesi, a quienes Tommaso Buscetta y otros tantos pentiti hacían responsables de la destrucción de los “principios inspiradores de la Cosa Nostra” o, si se quiere, de los hábitos sociales de la cultura siciliana y de sus clases dominantes que durante más de un siglo habían regido las estrategias de la Onorata Società que había dado lugar a la más moderna Cosa Nostra. Pero para entonces Tommaso Buscetta era ya un importante mafioso con negocios en ambas partes del Atlántico y, viendo lo que se avecinaba en Sicilia con la facción dirigida por Totò Riina, decidió poner tierra de por medio y establecerse definitivamente en Brasil.


¿Cómo se convirtió Tommaso Buscetta en una persona tan influyente dentro de la Cosa Nostra?

Tommaso Buscetta fue iniciado en la mafia en el año 1945 con tan solo diecisiete años. Su mentor fue un tal Giovanni Andrónico, miembro de la cosca mafiosa de Porta Nuova, una familia bastante pequeña por la rigurosa selección que hacía de su personal, a la que también pertenecía Andrea Finocchiaro Aprile, el abanderado de la causa separatista siciliana, y puede que Salvatore Giuliano, el célebre bandido protagonista de la masacre de Portella della Ginestra, aunque esta última pertenencia no es segura. Lo curioso de Buscetta es que él no procedía de una familia con vínculos mafiosos, y ni siquiera de una familia especialmente humilde, pues su padre poseía un taller dedicado a la fabricación y venta de espejos decorativos en la que daba trabajo a quince empleados. Puede que al igual que ocurriera con Lucky Luciano, con quien comparte más de una característica, el joven Buscetta viera en la delincuencia un modo más fácil de ganarse la vida que el que desempeñaba honradamente su propio padre. Sea como fuere, lo cierto es que Tommaso Buscetta, que había nacido en 1928, aprovechó la coyuntura de los años de la guerra para convertirse en estraperlista y ladrón, iniciando así una carrera delictiva con el contrabando de productos de primera necesidad (gasolina, café, pan, mantequilla, aceite, salami, etc.) Fue su talento para estos negocios lo que hizo que la mafia se fijara en el joven delincuente y lo atrajera hacia la organización, en donde no tardó en hacerse un hueco importante. Aún así, Tommaso Buscetta nunca fue un mafioso al uso. Aunque pueda parecer sorprendente habida cuenta de su influencia y peso dentro del organigrama de Cosa Nostra, Buscetta no ostentó cargos de importancia; apenas pasó del rango de soldado; nunca fue un capo en sentido estricto. Sin embargo, su estrategia dentro de la mafia fue la de un renovador con una enorme capacidad de iniciativa, un tipo que en la sombra mueve a los hombres en toda clase de negocios por él emprendidos. Además, Buscetta no limitó su campo de acción a un determinado territorio, por lo que tampoco fue un competidor entre los grupos de poder sicilianos; de hecho, hizo la mayor parte de su carrera criminal fuera de Sicilia. Al igual que hiciera Lucky Luciano a partir de 1946 durante su estancia en Italia, Buscetta se dedicó a los grandes negocios sin control territorial, pero tendiendo un puente entre América y Sicilia, por lo que sería llamado “capo de dos mundos”. Su primer viaje a América lo hizo en 1949, pero a diferencia de otros que eligieron como destino los Estados Unidos, él prefirió instalarse en Argentina, y posteriormente en Brasil, donde estaría hasta 1952. De regreso a Sicilia, se dedicaría por un tiempo al contrabando de tabaco, negocio que exportó a Argentina en 1956 y más tarde a Brasil, durante su segunda estancia al otro lado del Atlántico, estancia que se prolongaría durante casi tres décadas con continuos viajes intermitentes a la isla, lo que le permitió entrar en el negocio de los narcóticos a la vez que protagonizaba la reestructuración interna de la Onorata Società, que dio paso a la Cosa Nostra con una Cúpula de poder a imagen y semejanza de la Comisión de la Cosa Nostra estadounidense.

Aquí es precisamente donde empieza a destacar nuestro hombre. Para Buscetta, la Cosa Nostra surgida a finales de la década de 1950 del gran tronco mafioso de la Onorata Società, era ante todo una hermandad de hombres de honor y no una organización jerarquizada. Para Buscetta todos los mafiosos debían ser iguales, y el vínculo que debía unirlos debía ser ante todo el respeto mutuo y no la obediencia al capo. Lógicamente, esta concepción de Buscetta respondía a su propia situación dentro de la Cosa Nostra. Él no era un Padrino mafioso, sino un miembro de la mafia con importantes negocios. Por ese motivo, cuando en 1957 se decidió la creación de la Cúpula y la entrada en los grandes negocios de los narcóticos, los jóvenes mafiosos que habían dado el paso de  traficar con drogas fueron conscientes de un problema interno en el seno de la mafia; el derivado de las luchas de poder que podían darse entre los grandes capos con control territorial y los nuevos mafiosos que se dedicaban al comercio ilegal de la droga. Tommaso Buscetta, Gaetano Badalamenti y Salvatore Pajarito Greco, que fueron los encargados de establecer las nuevas reglas para la Cosa Nostra, concibieron la Cúpula como “un instrumento de moderación y de paz interna”, donde todas las familias podían tener un representante. Pero para que nadie pudiera tener un excesivo poder dentro de la Mafia se estableció que ningún miembro de esta pudiera ostentar a la vez el título de capo de la familia; es decir, que ningún mafioso podía ser a la vez el capo de una familia y el representante de su familia en la comisión de Cosa Nostra.

Por supuesto, esta es la visión que Tommaso Buscetta le ofreció al juez Falcone de lo que era la Cúpula de la Cosa Nostra. Y puede que sea verdad esta inicial propuesta de “democratizar” la mafia, digamos. Pero lo cierto es que ni la Cúpula diseñada en 1957 ni la Cosa Nostra soñada por Buscetta tendrían futuro en los años sucesivos. En 1963 la Cúpula fue disuelta tras la primera guerra Mafiosa, y aunque después se llegó a reactivar con un triunvirato formado por Stefano Bontate, Gaetano Badalamenti y Luciano Liggio, poco a poco dejó de ser un organismo destinado a servir de contrapeso al poder de los más poderosos para convertirse en un arma de control en la dictadura de los corleonesi, que provocaron la segunda guerra mafiosa y se hicieron, por medio de la fuerza y el exterminio de los adversarios, con el poder absoluto de la Cosa Nostra siciliana.

La increíble confusión con la que se encontró Buscetta a su regreso a la isla en 1980 no era otra cosa que la dictadura impuesta por los corleonesi, justo en la víspera de la segunda guerra mafiosa. Como aliado histórico de los Bontate y los Badalamenti, Tommaso Buscetta no dudó en enfrentarse al clan de Luciano Liggio y Salvatore Totò Riina, lo que acabó enrareciendo la situación para nuestro hombre, quien en apenas cuarenta y ocho horas vio cómo los corleonesi, violando las costumbres históricas de la Onorata Società, acababan con la vida de uno de sus hermanos, de uno de sus yernos y de tres sobrinos, todos ellos desvinculados por completo del mundo mafioso al que pertenecía Buscetta, que acabó por convencerse de que la Cosa Nostra que se avecinaba con Totò Riina  era ya muy distinta de aquella otra en la que él había creído. Sintiéndose traicionado por la Mafia, decidió instalarse definitivamente en Brasil, donde sería detenido en 1984, y de donde fue extraditado unos meses más tarde. Sería en el avión que lo traía de vuelta a Sicilia el 16 de julio de 1984, donde Tommaso Buscetta comunicaría al alto funcionario de la policía Gianni Di Gennaro que estaba dispuesto a hablar con el juez Giovanni Falcone.


¿Por qué habló?
¿Por qué se expuso a la vergüenza pública del mundo criminal convirtiéndose en un pentito?
¿Por qué un mafioso convencido decide romper la omertà?

Tommaso Buscetta


Para entender al personaje debemos tener en cuenta que en Tommaso Buscetta nunca hubo arrepentimiento en sentido moral. Tommaso Buscetta no renunció nunca a su condición de perfecto mafioso, y sobre este punto insistió hasta el último momento de su vida, acaecido el 4 de abril del año 2000 en Nueva York. Pero aún más; tampoco se creyó nunca un traidor a la Mafia. Para él los auténticos traidores, los “verdaderos infames”, por utilizar el término mafioso, eran los corleoneses con Totò Riina a la cabeza; ellos eran los responsables de haber destruido la Mafia al haberse alejado completamente de los “valores” mafiosos. Por este motivo no había traición. Tommaso Buscetta no creía estar traicionando a la Mafia por la sencilla razón de que, desde su punto de vista, la Mafia había dejado de existir.

El caso, evidentemente, es de una enorme complejidad, e incluso es susceptible de ser malentendido incluso por aquellas personas que tratan de comprender el fenómeno mafioso. Pero lo cierto es que para Tommaso Buscetta, como para Lucky Luciano, una persona podía ser un perfecto criminal al margen de la ley oficial de la mayoría de los ciudadanos y no sentirse por ello un simple delincuente, pues sus actos criminales estaban dentro de otra “ley” independiente de la oficial, que es precisamente la de la Mafia, concebida así como un sistema autónomo de relaciones, pero con sus reglas y sus principios; en definitiva, la Cosa Nostra concebida como lo que es, “la cosa nuestra”, una “legalidad alternativa” que, aunque a menudo entra en conflicto con la legalidad oficial, no necesariamente debe estar en conflicto con ella, como dos universos paralelos e independientes, pero que a menudo se entrecruzan, y que es al cabo lo que explica no solo la enorme expansión de la Mafia a nivel internacional, sino también las complejas pero frecuentes relaciones de la Cosa Nostra con los estratos de poder de la legalidad oficialmente constituida.

Vistas así las cosas, cuando Tommaso Buscetta decide colaborar con la justicia abanderada por el juez Giovanni Falcone, no se está vengando de los corleoneses porque estos se hayan convertido en los nuevos Padrinos de la Mafia siciliana. Con toda probabilidad, para Tommaso Buscetta los corleoneses de Totò Riina no eran ya más que una banda de delincuentes que actuaban no solo al margen de la “legalidad oficial”, sino también al margen del “universo ilegal paralelo” de la Mafia, que ellos habían destruido. Y así las cosas, la lucha que emprende Tommaso Buscetta puede ser considerada un último acto de reivindicación de su mafiosidad, como venganza hacia quienes habían acabado con el universo en el que él habitaba.

Por último, debemos tener en cuenta que Tommaso Buscetta solo se prestó a hablar con Giovanni Falcone, un juez que actuaba desde el otro bando, pero al fin y al cabo un siciliano en el que él encontró una persona afín. Con toda probabilidad, Tommaso Buscetta se consideraba el más leal representante del universo ilegal en su lucha contra la mafia de los corleoneses, y por ese único, aunque complejo motivo, aunó esfuerzos con Giovanni Falcone, al que sin duda consideraba como el más leal representante del universo legal en su lucha contra la Mafia.

Solo desde este punto de vista se pueden comprender estas palabras tan significativas de Tommaso Buscetta, durante una entrevista de 1995:

“Es lo único en lo que tengo empeño; es mi testamento moral: quiero ser recordado como una persona de bien. Alguien que hace once años asumió un compromiso con el Estado y siempre lo ha mantenido, sin jamás modificar ni una coma. Juré a Giovanni Falcone que le diría toda la verdad. Lo hice. Lo he seguido haciendo. Siempre y a pesar de todo. Lo sé, veo que todo está cambiando en Italia. Creíamos ganar y, sin embargo, hemos perdido. Pero yo siempre he sido igual. Un hombre leal. Pueden decir de mí todo lo que quieran, pueden incluso no creerme, pueden deshonrarme. Pero en aquella habitación de allí, entre mis papeles, hay una sola verdad, siempre la misma”.


De La Historia del Crimen Organizado, Agustín Celis Sánchez, Ed. Libsa, Madrid, 2009


Imagen destacada: Gaspare Mutolo y Tommaso Buscetta, de Elias Palidda, 2007.


 

Lucky Luciano

Lucky Luciano. Arquitecto del crimen


Lucky Luciano, cuyo verdadero nombre era Salvatore Lucania, fue el hombre que organizó el crimen en Estados Unidos. Se trata del personaje más influyente y quizá el más interesante de la historia de la Cosa Nostra. Nació el 24 de noviembre de 1897 en el seno de una humilde familia de Lercara Friddi, una localidad cercana a Palermo, en Sicilia, pero con tan solo nueve años emigró con sus padres y hermanos a Estados Unidos. La familia Lucania se estableció en una sencilla casa de la calle catorce de Nueva York, donde su padre consiguió un empleo como albañil.

Aunque su familia nunca tuvo vínculos con la mafia, ni en Sicilia ni en Estados Unidos, el joven Salvatore descubrió pronto que era posible ganar más dinero delinquiendo que trabajando, lo que lo llevó, siendo todavía un niño, a dedicarse al robo y la extorsión, y poco después al negocio de la prostitución junto a otros jóvenes delincuentes de la banda que él lideraba, y que con el paso de los años se convertirían en la vanguardia del crimen organizado en los Estados Unidos.

Entre los miembros de aquella banda se encontraban figuras como Frank Costello, Joe Adonis, Meyer Lansky, Bugsy Siegel, Albert Anastasia, Longy Zwilmann, Lepke Buchalter y Vito Genovese. Algunos de ellos formarían parte del llamado Asesinato S.A. (la célebre Murder Incorporated), una nómina de criminales sin escrúpulos al servicio de la Cosa Nostra.

Por aquel entonces, el mundo de la delincuencia neoyorquina estaba dirigido por la organización de Giuseppe Battista Balsamo, La Mano Negra. Pero en 1923, con cincuenta y tres años de edad, el gran Padrino decidió retirarse de la primera línea de los negocios y cederle el control de su organización a Vincenzo Mangano, uno de sus más fieles colaboradores, a quien no tardaron en salirle competidores. El más importante de ellos fue Giuseppe Masseria, más conocido como El Jefe, un gángster que había sabido rodearse de un grupo de criminales que con el tiempo llegarían a ser los primeros padrinos de las familias de Nueva York: Salvatore Maranzano, creador de las cinco familias y primer Capo di Tutti Capi; Joseph Bonanno; Joe Profaci; Thomas Lucchese; y Stefano Magaddino.

En este ambiente de criminales, fue donde se desenvolvieron los miembros de la banda que empezaba a dirigir Lucky Luciano, que decidieron integrarse en el grupo de Joe Masseria, hasta que en 1930 estalló la llamada Guerra de los Castellamarese.

Como suele ser habitual en estos casos, se crearon dos clanes dirigidos por los dos hombres que pertenecían a la primera generación de italoamericanos que habían vivido los años mafiosos de Battista Balsamo, es decir, Joe Masseria y Salvatore Maranzano. Los más jóvenes se limitaron a alinearse en el grupo de uno y otro. Entre los hombres de Maranzano destacaban Tommy Lucchese, Joe Bonanno, Joe Profaci, Gaetano Gagliano y Joe Maglioco. Entre los de Masseria sobresalían Lucky Luciano, Frank Costello, Carlo Gambino, Vito Genovese, Joe Adonis y Willie Moretti.

Ahora bien, Lucky Luciano era un hombre que pensaba por sí mismo y además tenía su propia organización, formada por hombres inteligentes, donde destacaban dos de las cabezas mejor dotadas para el crimen organizado: Frank Costello y Meyer Lansky, que eran conscientes de los inconvenientes que todo conflicto entre bandas acarrea en los negocios. Años después, Frank Costello sería el encargado de estrechar las buenas relaciones diplomáticas entre la Mafia y los políticos; Meyer Lansky sería el genio de las finanzas que haría del crimen una potente máquina de hacer dinero.

Así las cosas, entre Luciano, Costello y Lansky decidieron acabar con la guerra que se estaba llevando a cabo en las calles de Nueva York. Pero como aún no eran lo suficientemente fuertes como para hacerse con el poder, resolvieron asesinar a Masseria y apoyar en la guerra a Maranzano. Con el beneplácito de Maranzano, el 15 de abril de 1931 eliminaron a Masseria y eso significó el fin de la guerra. Dos meses después, Salvatore Maranzano se convirtió en Capo di Tutti Capi y dividió Nueva York en cinco familias. Era el primer paso que se daba hacia una Mafia distinta, muy alejada ya de La Mano Negra de Balsamo.

El siguiente movimiento tuvo lugar el 9 de septiembre de ese mismo año, cuando Lucky Luciano le encargó a Albert Anastasia que eliminara a Maranzano. Dos días después, Luciano envió a algunos de sus hombres por todo el país para que aniquilaran, en el plazo de cuarenta y ocho horas, a sesenta y dos mafiosos vinculados a la organización de Maranzano. Las matanzas perpetradas entre los días 11 y 12 de septiembre de 1931 pasarían a conocerse como la Noche de las Vísperas Sicilianas. Con ellas daba comienzo el reinado de Lucky Luciano.

Desde su cuartel general del Hotel Waldorf Astoria de Nueva York, Luciano organizó la Mafia en Estados Unidos. Entre otras medidas creó el Sindicato Nacional del Crimen y la llamada Comisión, estrechó las relaciones con las bandas mafiosas de judíos e irlandeses, que pasaron a formar parte del Sindicato, y estableció por todo el país una vastísima red de miles de asociados que, sin ser miembros hechos de la mafia, colaboraban con las 28 familias de Cosa Nostra en Estados Unidos.

El mismo año de la caída de Al Capone en Chicago, Lucky Luciano, desde Nueva York, hacía realidad una nueva estructura para el Crimen Organizado a todo lo largo y ancho del país. No es posible reseñar mejor el sueño criminal de nuestro hombre, que como lo hace Eric Frattini en su libro Mafia S. A.:

“Lucky Luciano convirtió a la organización de Al Capone en un juego de niños”.

Y, por supuesto, tuvo la habilidad y la inteligencia de no olvidarse de sus viejos amigos de la infancia:

  • Albert Anastasia se encargó de los ejecutores de la firma Asesinato S.A.
  • Frank Costello, de las relaciones diplomáticas con policías, jueces y políticos, corrompiendo así las instituciones oficiales que podían amenazar al Sindicato.
  • Joe Adonis, quien posteriormente sería conocido como Mr. A, haría tándem con Costello en las altas esferas, y organizando los garitos de juegos y apuestas.
  • Meyer Lansky se ocuparía de las finanzas y de mantener las buenas relaciones entre las familias
  • Vito Genovese sería el vicejefe de la organización.
  • Longy Zwilmann se ocupó de los negocios de Nueva Jersey y heredaría más tarde el imperio de Dutch Schultz.
  • Benjamín Siegel, el seductor Bugsy, representaría los negocios del Sindicato en Hollywood.
  • Y Louis Lepke Buchalter controló los negocios del juego en la ciudad de Nueva York.

En poco menos de veinte años, los miembros de aquella banda de delincuentes neoyorquinos se habían convertido en los amos de Estados Unidos.

Además de todo esto, se instituyó un órgano asesor del Sindicato dirigido por Meyer Lansky, al que se conoció como “el Gran Seis”, formado por tres miembros de origen judío (Meyer Lansky, Longy Zwillman y Jake Greasy Guzik, antiguo líder de la banda de Capone), y tres de origen italiano (Frank Costello, Joe Adonis y Tony Accardo, el Padrino de Chicago). Nueva York y Chicago se convirtieron así en las dos principales sedes de Cosa Nostra.


Lucky Luciano

Lucky Luciano, naturalmente, era el director de aquella impresionante orquesta. Pero un director que decidió ocultarse y actuar desde la sombra. A diferencia de Capone, a Luciano no le gustaba hacerse publicidad. En esto era un auténtico mafioso siciliano. Supo rodearse de un aura de misterio que le acabó beneficiando; de forma tácita, entre los hombres hechos de la Cosa Nostra, se estableció la norma de no pronunciar ni siquiera su nombre. Se referían a él como “el Jefe”, “el Gran Lu” o incluso “el Amo”. No obstante, y a pesar de todo su poder, el fiscal Thomas E. Dewey consiguió llevarlo a prisión en 1936.

Todo ocurrió a consecuencia de la afición de Lucky Luciano de rodearse de prostitutas. Por aquel entonces, la organización de Luciano controlaba ciento cincuenta prostíbulos con más de un millar de profesionales. La mayoría de estos garitos estaban controlados por Nancy Presser, una madame a la que Luciano recurría a menudo en busca de compañía especializada, y a la que pagaba elevadas sumas por sus servicios. Pero la casualidad intervino en el asunto y jugó en contra de nuestro hombre.

Lucky Luciano- Wanted

Resulta que Nancy Presser compartía piso con una chica llamada Betty, que era la novia de un policía. Muchas noches, Nancy le contaba a Betty lo que oía cuando estaba en compañía de Luciano, y después la otra iba y se lo contaba al agente, que empezó a interesarse por el asunto e inició una investigación. Los informes del agente de policía caerían al poco en manos del fiscal Dewey, quien llevó a Luciano ante los tribunales bajo la acusación de promover la prostitución y violar la llamada Acta Mann, una ley aprobada por el Congreso en 1910 que condenaba la trata de blancas para fines inmorales. Quien había organizado el crimen en Estados Unidos, sería encontrado culpable de sesenta y ocho delitos de proxenetismo y condenado a una pena de entre treinta y cincuenta años de cárcel sin posibilidad de conseguir la libertad condicional. El mismo día en el que se le leyó la condena, fue encerrado en la penitenciaria de mayor seguridad del Estado de Nueva York, en Dannemora, más conocida como la “Siberia” americana.

La historia de cómo conseguiría salir Lucky Luciano de la cárcel diez años más tarde, constituye en sí mismo una obra maestra de la Mafia en Estados Unidos, y da una visión cabal de hasta qué punto los miembros de aquella banda de delincuentes fueron, sin precedentes, unos verdaderos genios del crimen organizado.

La gran oportunidad llegó tras la entrada de EE.UU en la II Guerra  Mundial, pero sobre todo cuando el buque USS Normandie fue hundido, supuestamente por los submarinos nazis, en los muelles de Nueva York.

Tras esta desafortunada desgracia, el gobierno de la nación recurrió a Lucky Luciano en busca de ayuda. Por aquel entonces, Tony Anastasia, el hermano de Albert, era, dentro de la organización de Luciano, el señor de los muelles de Nueva York y Nueva Jersey. Ante el desastre del buque Normandie, el Servicio de Inteligencia Naval decidió colaborar con la Mafia para proteger los cientos de kilómetros de muelle y todos los puertos de la costa oeste. Lucky Luciano, desde Dannemora, dio la orden de proteger a la nación de la amenaza nazi.

Tras esto, gracias a una habilidosa campaña de propaganda dirigida por Frank Costello y Meyer Lansky, Lucky Luciano se convirtió en un héroe nacional. Ellos sabían de sobra que a los americanos les encantan los personajes que realizan hazañas increíbles, y la de Luciano, de cara a la opinión pública, era una heroicidad propia de un gran hombre. De la noche a la mañana, el mayor criminal de los Estados Unidos se había convertido en un salvador de la patria.

En las negociaciones posteriores, Frank Costello le exigió al gobierno que cambiara a Luciano a una prisión de menor seguridad, cosa que se hizo de inmediato. Su nuevo lugar de residencia sería la penitenciaria de Great Medow, en Albany. Y un año después de finalizada la guerra, se recompensó a Luciano con la libertad condicional por los servicios prestados a la nación. Curiosamente, el hombre que firmó su libertad fue el antiguo fiscal Thomas E. Dewey, ahora convertido en gobernador de Nueva York. Pero esta libertad debía disfrutarla en Italia, no en Estados Unidos.

En febrero de 1946, Charles Lucky Luciano fue deportado a su país de origen, adonde llegaría a bordo del buque USS Laura Kane. El día de su marcha rumbo a Europa, al espigón del muelle del que zarpó el barco en el que viajaba “el Gran Lu”, se acercaron sus viejos amigos Joe Adonis, Albert Anastasia, Meyer Lansky y Frank Costello. Deseaban presentarle sus respetos al gran Padrino que había sido expulsado de Estados Unidos.

Con la marcha de Luciano comenzó una nueva etapa en la Cosa Nostra, pero también en la vida de nuestro hombre.

De dos maneras se puede hacer carrera dentro de la Mafia. El mafioso inteligente puede recurrir a dos frentes:

  1. O bien la organización política de un territorio bajo su mando.
  2. O bien los grandes negocios que no precisan de lugar de residencia.

Hasta su marcha en 1946, Lucky Luciano exploró hasta sus últimas consecuencias la primera vía; a partir de este mismo año, y desde Nápoles, en Italia, se dedicó a explorar las inmensas posibilidades que ofrecían los negocios, tanto legales como ilegales, incluyendo los narcóticos, pero sin llegar nunca a establecer un control territorial.

Lucky Luciano puso la primera piedra del peligroso puente comercial que se establecería entre la Cosa Nostra siciliana y la Cosa Nostra norteamericana. Ese mismo año, y tras un viaje relámpago a la ciudad de La Habana, sería nombrado con toda justicia Capo di tutti Capi.

Dieciséis años más tarde, el 25 de enero de 1962, moriría a consecuencia de un infarto en el aeropuerto Capodichino de Nápoles. Aquel día había quedado con Martin Gosch, un productor y guionista de Hollywood que deseaba realizar una película sobre su vida. Según parece, Martin Gosch vio muy desmejorado aquel día al viejo mafioso. Cuando se acercó a él para saludarlo, las palabras de Luciano lo dejaron perplejo.

– Este jodido me va a matar – dijo el gran Lu.

– ¿Quién va a matarte, Charly? – le preguntó Gosch.

La respuesta de Luciano, antes de derrumbarse, fue demasiado misteriosa:

– Todos, todos ellos. Dile a Lansky que guarde el dinero.

Cadáver de Lucky Luciano


Asesinato S. A.

La firma Asesinato S. A. (la Murder Incorporated) fue el brazo ejecutor del Sindicato del Crimen durante décadas. Había sido creada por Lucky Luciano, pero estaba bajo el mando de Albert Anastasia (El Verdugo), quien se encargaba de imponer las sanciones disciplinarias dictadas por la Comisión.

No se trataba de una vulgar pandilla de asesinos. Muy al contrario; se regía por unas rígidas normas destinadas a hacer del crimen solo una cuestión de negocios, con el fin de evitar así las venganzas personales y las represalias.

Las ejecuciones recibían el nombre de “contratos”, y las dos normas básicas por las que se regían estos contratos eran las siguientes:

  1. La Murder Inc. solo estaba legitimada para llevar a cabo sus acciones sobre miembros del Sindicato, una vez ordenadas por La Comisión.
  2. Para no perder su influencia en las altas esferas, estaba totalmente prohibido concederle un contrato a policías, jueces, políticos, agentes federales, fiscales y cualquier otra clase de miembros del orden.

Con el fin de evitar suspicacias, a Asesinato S.A. pertenecían torpedos de todas las nacionalidades que constituían el Sindicato del Crimen en calidad de asociados a Cosa Nostra. El propósito de esta medida era dejar claro que detrás de las actuaciones de Murder Inc. no había nada personal, solo negocios.

Murder Incorporated

Grupo de asesinos de la Murder Incorporated


La muerte de Joe Masseria

El asesinato de Giuseppe Masseria se realizó siguiendo una especie de ritual que respetaba la más pura tradición siciliana. Al jefe que había de ser asesinado se le obsequió con un estupendo ágape y,  tras la comida, fue acribillado a balazos.

El 15 de abril de 1931, Luciano invitó a comer a Joe Masseria junto a dos importantes capos de la organización: Vito Genovese y Ciro Terranova. El lugar elegido fue un estupendo restaurante italiano de Coney Island llamado Nuova Villa Tammaro, propiedad de Gerardo Scarpato, quien además de ser un magnífico cocinero era amigo personal de Lucky Luciano.

El banquete dio comienzo a las doce y media del mediodía, pero sobre las tres y media de la tarde Vito Genovese y Ciro Terranova pidieron permiso para marcharse con la excusa de que debían atender una serie de diligencias en el Bronx, cuando en realidad iban a darles las instrucciones precisas a sus hombres y a esperar la señal de su jefe.

En el restaurante se quedaron Masseria y Luciano jugando a las cartas, y al poco, Luciano le pidió permiso a su padrino para levantarse e ir al baño, favor que el otro le concedió, como es lógico. Naturalmente, esa era la señal que los otros dos estaban esperando. Instantes después, con Luciano todavía dentro del baño, entraron cuatro hombres en el local y se dirigieron a la mesa en la que se encontraba Giuseppe Masseria. Sin demora, sacaron sus pistolas del calibre 38 y dispararon contra el cuerpo del Padrino, que recibió 25 balazos en la cabeza, el cuello y la espalda.

La Muerte de Giuseppe Masseria

Una representación gráfica del asesinato de Masseria


El asesinato de Salvatore Maranzano

 El 9 de septiembre de 1931, a Salvatore Maranzano se le ocurrió contratar a un asesino irlandés para acabar con la vida de Lucky Luciano y de su segundo al mando, Vito Genovese. Según declararía en 1963 Joseph Valachi ante el Senado de los Estados Unidos, Maranzano no solo pretendía asesinar a Luciano y Genovese, sino llevar a cabo un auténtico ajuste de cuentas con las nuevas figuras que podrían en un futuro ensombrecer su reinado.

Maranzano le confesó a Valachi, quien por entonces era su guardaespaldas, que después de vérselas con Luciano y Genovese se las vería con Capone, Willie Moretti, Frank Costello, Joe Adonis y Dutch Schultz. Pero el plan le falló con los primeros porque llegó a oídos de Luciano los propósitos del Padrino y resolvió darle una sorpresa aquel mismo día.

Salvatore Maranzano concertó una cita con los dos mafiosos para las tres de la tarde en su oficina del número 230 de Park Avenue. En aquel lugar estaba previsto que Vincent Coll, un psicópata al que todos conocían como Perro Loco, los asesinara. Pero nada de esto llegó a ocurrir.

Una hora antes del encuentro, dos ejecutores de Asesinato S.A., a las órdenes de Albert Anastasia, llamaron a la puerta de la oficina de Salvatore Maranzano, que en aquel momento se encontraba solo. Aquellos dos torpedos eran Abe Weinberg y Sammy Levine, quienes asesinaron a puñaladas a Maranzano antes de darle el tiro de gracia en la nuca.

Joe Masseria y Salvatore Maranzano


La Noche de las Vísperas Sicilianas

Algo parecido a la matanza que Salvatore Maranzano pretendía llevar a cabo eliminando a los jóvenes mafiosos que comenzaban a descollar dentro de la Mafia, fue perpetrada por Lucky Luciano durante los días 11 y 12 de septiembre de 1931 en lo que se dio en llamar la Noche de las Vísperas Sicilianas, cuando fueron aniquilados los más importantes mafiosos de la generación anterior (los viejos Pete Mostachos), cuyos métodos habían quedado obsoletos y que podían amenazar el nuevo orden establecido tras la creación del Sindicato del Crimen.


El sabotaje del USS Normandie

La verdad sobre el hundimiento del buque USS Normandie se conoce gracias a dos documentos de carácter biográfico:

  1. El primero de ellos son las Memorias póstumas del propio Lucky Luciano, donde reveló que fue un sabotaje perpetrado por miembros de la Mafia.
  2. El segundo documento, que vino a ratificar esta teoría, fue la Biografía autorizada que dos autores israelíes escribieron sobre Meyer Lansky.

El propósito de este sabotaje, lógicamente, fue avivar el pánico de la población civil y de las autoridades militares para que solicitaran la ayuda de Luciano en la protección de los muelles y los puertos de la costa oeste.

Uss Normandie

El Normandie en llamas, en el Puerto de Nueva York, 9 de Febrero de 1942


Meyer Lansky

Meyer Lansky

Imagen de la ficha policial de Meyer Lansky

Aunque nunca fue un hombre hecho de Cosa Nostra debido a su origen judío, Meyer Lansky (1902-1983) fue sin duda uno de los más importantes líderes de la Mafia en Estados Unidos. Amigo íntimo de Lucky Luciano desde la infancia, fue protagonista de los principales acontecimientos de la historia del Sindicato del Crimen durante seis décadas.

Sin el genial asesoramiento de este judío polaco, cuyo verdadero nombre era Maier Suchowljansky, es probable que nunca hubieran existido ni la Comisión, ni Asesinato S.A y ni siquiera las estrechas relaciones que mantuvieron entre sí durante todo el siglo XX las 28 familias de la Cosa Nostra.

Meyer Lansky fue un verdadero dirigente en la sombra, líder indiscutible de la Kosher Nostra judía y el máximo responsable de la expansión de los negocios del Sindicato en la Cuba de Battista y en el estado de Nevada. Después del asesinato de su amigo Bugsy Siegel, Meyer Lansky fue quien convirtió la ciudad de las Vegas en lo que hoy es, el mayor reino del juego que existe en el mundo.

Aunque desde 1970 sufrió la persecución implacable del FBI por distintos delitos federales, nunca consiguieron encerrarlo. Como a tantos cabecillas del Crimen Organizado, también a Lansky lo acusaron por impago de impuestos, pero curiosamente fue declarado “no culpable”. También en la década de 1970, Lansky quiso acogerse a la llamada “ley de no retorno” del gobierno de Israel, reclamando así la nacionalidad israelí, pero el gobierno judío prefirió no comprometer sus relaciones con la CIA y le negó la entrada en el país.

Meyer Lansky se establecería definitivamente en Miami, donde murió plácidamente en 1983. Sin lugar a dudas fue, junto a Johnny Torrio, la más brillante cabeza del Crimen Organizado.

Meyer Lansky niega la existencia de la Mafia

Fue casi una consigna de Cosa Nostra la negación constante de la propia existencia de la Mafia


Como curiosidad, la vida de Meyer Lansky inspiró a Mario Puzo y Francis Ford Coppola para la creación del personaje de Hyman Roth en la segunda parte de El Padrino. Al famoso gángster lo interpretó en la pantalla el actor Lee Strasberg.

Meyer Lansky - Lee Strasberg


 Louis Lepke Buchalter

Louis Lepke Buchalter - Wanted

Louis Lepke Buchalter (1897-1944), amigo de la infancia de Lucky Luciano, llegaría a convertirse en el más famoso gángster de la década de 1930. Además de dirigir los negocios del juego en Nueva York, fue uno de los históricos ejecutores de Asesinato S.A., y miembro asimismo de la Kosher Nostra de Meyer Lansky.

Debido a sus múltiples asesinatos, se convirtió en objetivo prioritario de la persecución del director del FBI Edgar J. Hoover y del fiscal Thomas E. Dewey, hasta que fue detenido en 1939. Encerrado en una prisión federal, en 1944 se convirtió en el primer mafioso que fue ejecutado en la silla eléctrica.

Louis Lepke Buchalter - Ejecutado en Sing Sing


  De La Historia del Crimen Organizado, Agustín Celis Sánchez, Ed. Libsa, Madrid, 2009


Enlaces recomendados sobre Lucky Luciano, en Jot Down: 

I, Érase una vez en Manhattan

II, La Guerra de los Castellammarese

III, Al César lo que es del César

IV, Amo de la Tierra y de los Mares

VEl Ocaso


Mafia

¿Qué es la Mafia?


Ni siquiera los estudiosos del fenómeno criminal llamado Mafia se ponen de acuerdo sobre lo que es la mafia, y lo cierto es que la discrepancia de opiniones tiene sentido por la complejidad que acompaña en todo momento a dicho término, lo que en realidad lo hace aún más atractivo para quien trata de profundizar en su conocimiento. Tal y como afirma Joan Queralt:

“El estudio del fenómeno mafioso resulta apasionante, entre otras razones, por su carácter poliédrico: abarca los campos de la historia, la cultura, la antropología, la geografía, la economía, la esfera política, sea local, nacional e internacional, la psicología individual y colectiva, la sociología, la educación, la justicia, la ética, la religión…”

Dejando a un lado las frívolas opiniones de los mafiólogos que tratan de buscar justificaciones políticas, o incluso morales, a los crímenes de la mafia, dos son las posturas que más seriamente se aproximan al fenómeno:

  1. La primera corriente no duda en definirla como un exclusivo fenómeno de criminalidad organizada, lo que en rigor es totalmente cierto, pero no solo.
  2. La segunda, quizá más amplia, la define como un singular fenómeno político siciliano, que a su vez se alimenta de una serie de arraigados hábitos sociales que utilizan la violencia de modo sistemático para imponer sus condiciones, postura que no siempre ha sido bien entendida, pese a que explica de modo riguroso buena parte de la historia de la mafia, que a lo largo de los años ha sufrido importantes modificaciones y reestructuraciones internas.

Sea como fuere, lo más conveniente tal vez sea practicar el eclecticismo a la hora de aproximarnos al complejo mundo de la mafia, no sin antes recordar las palabras de uno de sus más lúcidos analistas. Oigamos de nuevo a Queralt:

“la mafia es, por naturaleza, flexible, cambiante, adaptable. Una organización pragmática que se adapta a cualquier situación concreta y que no se detiene jamás ante cualquier tipo de constricción que limite o impida su actividad. Como el agua que toma la forma del envase”.

La mafia es una organización de carácter delictivo, pero es también, y sobre todo, un modo de entender la vida, una especie de fundamentalismo que anula la individualidad de sus miembros, cuya identidad deja de pertenecerles cuando entran a formar parte de la identidad mayor de la sociedad a la que han accedido, la llamada Cosa Nostra.

Desde el mismo momento en que una persona se inicia en la mafia, comienza a diluirse como individuo para fundirse con el grupo. Se convierte en mafioso, en un hombre de honor, tal y como ellos se denominan, y en ese instante abandona su yo para ser nosotros; deja de ser él para ser Cosa Nostra.

No hay que olvidar que la mafia es una sociedad secreta de carácter iniciático. No es una simple banda de delincuentes movidos por la ambición. Es también un modo de sentir y pensar, un ambiente, un arraigado sistema de relaciones jerárquicas al que el mafioso accede para obtener la recompensa que la Organización promete.

¿Y qué es lo que la mafia promete a sus miembros? Una palabra basta para explicarlo: Poder. El mafioso es ante todo un hombre que sabe lo que es el poder y todo lo que ello implica. Un hombre de honor, por el solo hecho de pertenecer al universo ilegal de la mafia, se siente poderoso, porque el mundo en el que ha entrado a formar parte gira alrededor de la búsqueda de poder. Ser mafioso es ya de por sí un grado. Y por eso adopta una pose muy concreta y que el cine ha sabido reflejar a la perfección: la forma de saludar, de hablar, de dirigirse a los demás, de dar órdenes o incluso de mirar están destinadas a poner de manifiesto ese poder. Obvia decir que frente a este sistema de poder está el mundo paralelo, el de todos aquellos que no pertenecen a la mafia.

En este sentido resulta ya un clásico recordar las palabras del mafioso arrepentido Francesco Marino Mannoia al juez Roberto Scarpinato durante uno de sus interrogatorios. Preguntado por el ansia de riqueza que parece ambicionar todo miembro hecho de la mafia, Mannoia respondió airado lo siguiente:

“Ustedes, los jueces, están convencidos de que uno se convierte en hombre de honor por dinero… no han comprendido nada y nunca podrán comprenderlo… ¿Sabe por qué yo me convertí en hombre de honor? Porque antes era nuddu ammiscatu cu nenti y luego, en cambio, dondequiera que fuera, las cabezas se bajaban y esto para mí no tenía precio; valía mucho más que todo el dinero que he ganado y he gastado”.

Para Francesco Marino Mannoia, como para todos los miembros de la mafia, el poder no se debe confundir con el dinero. El dinero es solo un medio; el poder es el fin.

En cuanto a la expresión en dialecto siciliano nuddu ammiscatu cu nenti, Roberto Scarpinato aclaró ya en su día que hace referencia a lo que no cuenta, lo que no vale nada, lo que no es nada ni va a ninguna parte, expresión que explica con precisión meridiana el desprecio que los mafiosos sienten por todos aquellos que no pertenecen a su mundo, llámese este Mafia, Onorata Società o Cosa Nostra.


Amérigo Bonasera


Siguiendo con el mismo tema, pero trasladando la reflexión al mundo de la ficción, los lectores que hayan leído la novela El Padrino de Mario Puzo o hayan visto la película homónima de Francis Ford Coppola, dos de las obras que mejor han sabido reflejar el mundo de la mafia, recordarán sin duda la escena en la que el funerario Amerigo Bonasera se presenta ante Don Corleone para pedirle que vengue el honor de su hija, que ha sido brutalmente apaleada por unos jóvenes que habían tratado de violarla. Sin embargo, pronto se pone de relieve que el tal Bonasera no es un leal miembro de la mafia, pues antes de solicitar la ayuda del capo había acudido a las autoridades estadounidenses en busca de justicia. Y solo cuando descubre que la justicia que él esperaba no es la que va a recibir acude ante Vito Corleone para pedirle el favor de que mate a los agresores por dinero, lo que constituye todo un insulto, y así se lo hacer ver el Padrino:

“Creíste que América era un paraíso. Tenías un buen negocio y vivías muy bien. Pensaste que el mundo era un edén del que podías tomar todo lo bueno que quisieras. Nunca te preocupaste de rodearte de buenos y verdaderos amigos. Después de todo, para protegerte, estaban la policía y los tribunales. Nada podía ocurrirte; ni a ti ni a los tuyos. Para nada necesitabas a Don Corleone. Muy bien. Heriste mis sentimientos, y no soy de los que dan su amistad a quienes no saben apreciarla, a quienes me tienen por poquita cosa”.

Con estas simples palabras, el Padrino mafioso está poniendo sobre la mesa todo un sistema de pensamiento. De entrada establece una distinción clara entre el universo legal de los que no viven conforme a los principios de la Mafia y los “amigos” que saben apreciar su inestimable ayuda. Pero además le hace saber a Bonasera que él es poderoso, que no es “poquita cosa”, y que por tanto podría hacer lo que le pide, haciendo de esta forma que también Bonasera se sienta poderoso. De hecho, ¿qué mayor poder puede haber que el de ser capaz de quitarle la vida a una persona con total impunidad? Pero para esto, para tener poder, para conseguir que las cosas se hagan según nuestra voluntad, hay que aceptar las reglas del juego mafioso. No basta con pedir, hay también que dar, y así se lo dice Don Corleone a Bonasera:

“Ahora acudes a mí diciendo: “Don Corleone; quiero que haga justicia”. Y no sabes pedir con respeto. No me ofreces tu amistad. Vienes a mi casa el día de la boda de mi hija, me pides que mate a alguien y dices: “pagaré todo lo que me pida”. No, no. No te guardo rencor; pero, ¿puedes decirme qué te he hecho para que me hayas tratado con esa absoluta falta de respeto?”


Escena de El Padrino I


Evidentemente, no se trata de dinero. El dinero de Bonasera no hará que Don Vito se sienta poderoso. Lo que le pide es otra cosa: su amistad, su lealtad, su obediencia. Su respeto. En realidad Bonasera lo tiene fácil, es un trueque sencillo; Bonasera tendrá el poder de liquidar a los agresores de su hija si acepta entrar en el círculo de los Corleone, formar parte de su familia, jugar según las reglas de la mafia:

“En cambio, si hubieses acudido a mí, mi bolsa hubiera sido tuya. Si hubieses acudido a mí en demanda de justicia, aquellos cerdos que dañaron a tu hija estarían llorando amargamente desde hace tiempo. Si por desgracia, por circunstancias de la vida, un hombre honrado como tú se hubiese creado algún enemigo, este se hubiera convertido automáticamente en enemigo mío (..) y, créeme, te hubiese temido”.

Es el temor que el poderoso hombre de honor infunde en los otros. Un “hombre honrado”, dice Corleone, pero para el caso es lo mismo. Y el hombre de honor es el que pertenece a la “familia”, el que es amigo de sus amigos y acepta estar “disponible”, en el mundo de la mafia, como una pieza más del engranaje. Y solo cuando Bonasera pronuncie las palabras que quiere oír Don Vito, podrá tener la oportunidad de sentirse poderoso. Tras ese “quiero su amistad. Acepto”, al Padrino sólo le resta imponer sus condiciones:

“Bien, tendrás justicia. Algún día, un día que tal vez nunca llegue, te llamaré para pedirte algún pequeño servicio. Hasta ese día, considera esta justicia como un regalo de mi esposa, la madrina de tu hija”.

La aceptación de Bonasera opera aquí a modo de iniciación. Desde ese momento forma parte del universo mafioso, está “disponible”, y por tanto deberá cumplir las órdenes que se le dicten sin preguntar, sean cuales sean. No podrá negarse. No podrá desobedecer porque ha entregado su voluntad. Si le ordenan que asesine a alguien tendrá que hacerlo aunque no quiera, pues le va la vida en ello. La iniciación en la mafia viene a ser un verdadero pacto con el diablo. A partir de entonces, tendrá que subordinar sus propios intereses a los intereses de su capo, de la familia a la que pertenezca y de la organización.

El caso de la escena de El Padrino es evidentemente una ficción, pero creo que explica perfectamente lo que es la mafia, motivo por el cual he querido traerla a colación.


El Padrino


Por último, me apetece finalizar con unas conclusiones de Joan Queralt que pueden servir de punto de partida para todo el que pretenda acercarse al fenómeno criminal llamado mafia, y más concretamente al de origen siciliano:

“Pero no hay que engañarse: el estudio de Cosa Nostra es un viaje a una de las geografías humanas más desoladoras del planeta. Cosa Nostra es una isla dentro de una isla. Un sistema de geografía invisible, enfermo, totalitario, en el que la muerte ocupa el lugar de la vida y la obsesión por el poder sustituye a los afectos y las esperanzas. Sin sus estereotipos, sin los mitos difundidos por el cine y la literatura, incluso por ciertos historiadores, el submundo mafioso sólo ofrece un paisaje de violencia, miedo, traición y muerte. Es un universo claustrofóbico que devora a sus propios hijos, en el que todos finalmente son derrotados y donde no se conoce el honor ni el respeto a los otros. Las ecuaciones mafia antigua / mafia nueva, o mafia buena frente a mafia mala son falsas, como lo son la idea de la mafia como antiestado o las bondades de la mafia rural, dotada de un supuesto código de honor. La mafia antigua asesinó a hombres, mujeres y niños, todos ellos inocentes, como continuaría haciendo más tarde la denominada nueva mafia”.


 De La Historia del Crimen Organizado, Agustín Celis Sánchez, Ed. Libsa, Madrid, 2009


Billete con la cara de Al Capone

Al Capone, el enemigo público nº1


Introducción:

Alrededor de la figura de Al Capone existe un malentendido que conviene aclarar cuanto antes. Hay quienes mantienen la teoría de que Al Capone no puede ser considerado un miembro de la mafia americana, ya que, según ellos, en realidad pertenecería a lo que se conoce como Camorra, un grupo criminal de Nápoles con un origen más antiguo que la Cosa Nostra, la estructurada organización siciliana, hermana mayor de la estadounidense. Sin embargo, como en más de una ocasión se encargaría de aclararles el propio mafioso de Chicago a los periodistas que tenía en nómina, Al Capone no era italiano. Fueron sus padres los que nacieron en Nápoles y posteriormente emigraron a Estados Unidos, pero ni siquiera ellos tuvieron vínculo alguno con la Camorra.


Al Capone

Al Capone - Chicago

Alphonse Capone nació el 17 de enero de 1899 en Brooklyn, Nueva York, en el barrio de Williamsburg, y más exactamente en una casa que hacía esquina con las calles Tillary y Lawrence. Pertenecía, por tanto, a la primera generación de italoamericanos que tenían en muy alta consideración el ser estadounidenses, condición que a nuestro hombre lo llenaba de orgullo patrio. Y fue en su ciudad natal donde Capone inició su carrera delictiva dentro de la banda de gánsteres que Johnny Torrio dirigía. Fue el cerebro privilegiado de Torrio el primero en advertir las especiales aptitudes que el joven Capone mostraba para el crimen organizado, razón por la cual, cuando años más tarde trasladara sus negocios a Chicago para formar parte de la familia de Jim Colosimo, llamaría al discípulo de Nueva York a sus filas en la nueva organización. Más tarde, ante el atentado sufrido el 24 de enero de 1925, Torrio decidiría dejarle todo su imperio a Capone, quien se convirtió de esta manera en el tercer jefe de la poderosa familia de Chicago, más conocida como El Equipo dentro de la compleja estructura jerarquizada de la Cosa Nostra.

Solo un año más tarde, en 1926, Al Capone era ya el todopoderoso emperador del Crimen Organizado de la ciudad de Chicago, cuyo destino dirigía desde la planta 22 del Hotel Hawthorne de Cicero, su cuartel general y la guarida del peligroso grupo de asesinos fieles que lideraba: Jack McGurn, James DeAmato, Claude Maddox, Jake Guzik, Dan Seritella, Tony Capezio, Shorty Campagna, Charles Fischetti, Frank Nitti y Tony Accardo. Estos dos últimos serían, al cabo, los herederos de la familia. El caso de Tony Accardo es especialmente relevante, pues con el paso del tiempo se convertiría en uno de los hombres con más influencia dentro de la Cosa Nostra. Accardo sería, también, el Padrino que en 1946 concedería una última oportunidad a Bugsy Siegel.

Aunque Al Capone ha pasado a la historia, justamente, como un hombre violento y megalómano, no debemos considerarlo como un vulgar asesino, pues dentro del crimen organizado fue un cráneo privilegiado que, en Chicago, alcanzó los mismos niveles de organización que Lucky Luciano en la ciudad de Nueva York. De hecho, el 11 de enero de 1927, cuando la célebre Comisión de Luciano no era todavía ni siquiera un sueño en su cabeza, Al Capone convocó la primera gran cumbre de la Mafia de Chicago con el fin de conseguir una paz entre las distintas bandas de criminales. La idea de establecer una “paz en los negocios” regida por normas internas, ya la tuvo Capone varios años antes que Lucky Luciano. De aquella primera reunión en el Hotel Sherman de Chicago saldría el documento que se conoce con el nombre de “Las Cinco Reglas”, y que no es más que un estatuto de cinco normas básicas que todos debían aceptar para evitar los alborotos en las calles. Al Capone sabía, por Johnny Torrio, que “solo con la paz se hacen buenos negocios”.


El enemigo público número uno

Al Capone - wanted

Desde el principio de su reinado demostró una especial habilidad para sobornar policías, jueces y jurados, además de a unos doscientos periodistas a los que tenía en nómina y que le montaban espectaculares campañas de propaganda. Algunos de los célebres títulos que obtuvo en vida, como “El Rey del Hampa” o “El enemigo público número uno”, responden en parte al propósito exhibicionista de Capone, al que le encantaba verse en los papeles como protagonista de lo que él consideraba “buenas historias”. Quizá este rasgo sea lo que en verdad lo diferencia del genio criminal de Luciano, que siempre quiso pasar desapercibido, como un hombre en la sombra que maneja el destino del crimen organizado en Estados Unidos. Por el contrario, Al Capone buscó ser una estrella del crimen que actúa a plena luz del día, un burlador de la justicia que a la vez que controlaba el contrabando de licores, el negocio de la prostitución o los espléndidos beneficios obtenidos del juego, era capaz de concederle una entrevista a un periodista tras haber dado un importante donativo a la beneficencia. No deja de resultar significativo que la primera cumbre de la Mafia de Chicago se celebrara en el hotel más cercano al Ayuntamiento de la ciudad y al cuartel de la Policía.

No obstante, el reinado de Al Capone solo duraría seis años. Pero en esos seis años protagonizó algunos de los episodios más célebres y conocidos de la historia de la Cosa Nostra estadounidense: el asesinato de Frankie Yale, el exterminio de las bandas de irlandeses, la muerte de Earl Weiss y, sobre todo, la “Matanza del Día de San Valentín”.

Ahora bien, la Casa Blanca orquestó el acoso y derribó a la organización de Capone y en 1931 llegó su ansiado final. Todo comenzó cuando el presidente Calvin Coolidge nombró fiscal del Distrito Norte de Illinois a George Johnson, quien formó equipo y aunó esfuerzos con Eliott Ness, del Departamento de Justicia, y Arthur Madden, del IRS, el servicio interno de recaudación de impuestos, que acabarían revelándose como sus peores enemigos. En 1929 se complicarían aún más las cosas. El nuevo presidente de Estados Unidos, Herbert Hoover, llegó dispuesto a acabar con Al Capone y con la “Ley Seca”. Y así fue. El 12 de enero de 1931, gracias a las pruebas aportadas por Eliott Ness y sus hombres, Al Capone fue condenado a once años de prisión por impago de impuestos entre 1924 y 1929. Se le recluyó en la prisión federal de Atlanta y posteriormente en Alcatraz, donde años después, ante los evidentes signos de demencia que mostraba, le diagnosticaron como enfermo de sífilis, dolencia que le había ido consumiendo el cerebro. Cuando en 1939, convertido apenas en una sombra de lo que había sido, salió finalmente de la cárcel, se retiró a Palm Beach, donde moriría el 25 de enero de 1947 con tan solo 48 años.


El asesinato de Frankie Yale

Frankie Yale

Frankie Yale había sido, durante las dos primeras décadas del siglo XX, uno de los más importantes dirigentes de la organización de Giuseppe Battista Balsamo. Pero después de la guerra entre La Mano Negra de Balsamo y La Mano Blanca irlandesa de Wild Bill Lovett, el panorama de las bandas criminales de la ciudad de Nueva York había cambiado y ahora Yale controlaba sus propios negocios junto a otros nombres que empezaban a descollar, como Joe Masseria y los hermanos Mangano, que habían heredado la organización de Balsamo.

Los problemas de Frankie Yale con Al Capone comenzaron en 1928, cuando el mafioso neoyorquino inició dos medidas que disgustaron al mafioso de Chicago. La primera de ellas fue tratar de introducir en los negocios de Chicago a los miembros de la Unión Siciliana, grupo surgido tras el desmoronamiento de La Mano Negra en dos clanes. La segunda medida, aún más arriesgada, fue comenzar a fabricar alcohol para su distribución y venta, negocio que estaba controlado por la organización de Capone. La noticia de esta última osadía le llegó a Capone seguida de la muerte de uno de sus hombres, James DeAmato, a quien el Rey del Hampa había mandado a Nueva York para que se enterara de los negocios que se traía entre manos su viejo amigo Yale.

Después de la muerte de DeAmato, Al Capone decidió acabar con la vida del neoyorquino. Para ello envió a Brooklyn a tres de sus hombres más eficaces: Jake Guzik, Dan Seritella y Charles Fischetti, quienes el 1 de julio de 1928, a bordo de un sedán negro, empujaron al vehículo que conducía Frankie Yale fuera de la carretera cerca de la calle 44. Yale, sorprendido por la embestida, apenas pudo reaccionar ni sacar el arma mientras veía cómo los otros bajaban del coche dispuestos a vaciar sobre su cuerpo los cargadores de sus ametralladoras Thompson.


Las “Cinco Reglas” de la Mafia de Chicago

  1. “Todos los miembros de bandas que hayan sido heridos en altercados con otras bandas y que hayan provocado muertes, quedan amnistiados a partir de este mismo momento. Nadie podrá levantar la mano contra ninguno de ellos, sea de la banda que sea.
  2. Todas las bandas aquí representadas renuncian a la violencia en sus disputas con otras bandas. Se establecerá un arbitrio formado por los jefes del resto de bandas no implicadas en la disputa.
  3. Se establece el fin de los “raspados”. Si B desea destruir a A, dirá a C que B está preparando un ataque a A. En un caso como este se establecerá un arbitrio formado por los jefes del resto de bandas no implicadas en la disputa.
  4. No sucederán más invasiones de territorios. En el anexo de este documento quedará bien explícito las zonas de influencia de cada banda.
  5. La violación de alguna de estas normas por parte de un miembro de una banda es la violación de todos sus miembros y de su jefe. Para el resto de jefes la violación cometida por algún miembro de una banda es la violación cometida por el jefe”.

    Nota: Con el nombre de “raspado” se conocía a la acción que realizaba un gángster en beneficio de su banda cuando quería enfrentar a otras bandas rivales entre sí.

La muerte de Earl Weiss

Earl Weiss

Earl Weiss fue, junto a Bugs Moran, uno de los principales rivales que Capone tuvo en Chicago. A pesar de carecer de la suficiente fuerza logística como para enfrentarse a él, Earl Weiss estuvo empeñado durante varios años en invadir los territorios de Capone. Pero sin duda su mayor osadía la cometió el 11 de agosto de 1926 acribillando a tiros el coche del Rey del Hampa, que tuvo suerte aquel día de no ir en él. Este intento de asesinato, con la colaboración de Moran, lo llegó a repetir hasta en dos ocasiones, de las que también salió ileso el mafioso de Chicago. Una de ellas tuvo lugar en el Landerback, uno de los locales de juego de Capone; la otra ocurrió en el mismísimo Hotel Hawthorne.

Después de aquello, Capone decidió contestar. El lugar elegido fue el cuartel general de Earl Weiss, que estaba situado en el 738 de la calle State, curiosamente justo encima de la que había sido la tienda de flores de Dinie O’Banion. Ocurrió en la tarde del 11 de octubre de 1926. Tras bajarse de su coche, de camino hacia su cuartel general, Earl Weiss fue acribillado a tiros por los hombres de Capone. Murió en el mismo sitio exacto en el que lo había hecho dos años antes Charles Dion O’Banion.


La Matanza del Día de San Valentín

La llamada “Matanza del Día de San Valentín” es uno de los acontecimientos más espectaculares del gangsterismo de los años 20 en Chicago, y fue la respuesta de Capone a la banda de Bugs Moran, que en los meses anteriores a la masacre había decidido violar varias de las “Cinco Reglas” instituidas en el Hotel Sherman el 11 de enero de 1927. Al parecer, Bugs Moran había asaltado varios camiones de Capone, había operado en territorios que no eran los suyos y había intentado acabar con la vida del jefe de una banda rival.

Los hechos tuvieron lugar en la mañana del 14 de febrero de 1929 en el garaje del número 2122 de la calle North Clark, cuartel general de Bugs Moran.

Aquella mañana, dentro del garaje, se encontraban siete hombres: Frank y Peter Gusemberg, pistoleros de la banda; James Clark, cuñado de Moran; John May, un especialista en robos; Alfred Weishank, asesino; Adam Hyers, contable; y Reinhard Schwimmer, un oftalmólogo que no pertenecía a la banda de Moran, pero que era amigo personal de los Gusemberg y aquel día había decidido pasarse por allí. En aquellos momentos se encontraban esperando al jefe y ultimando los detalles de una operación de contrabando de whisky con cinco camiones que se dirigían hacia Detroit para cargar.

A las diez de la mañana de aquel día un Cadillac negro aparcó junto a la puerta y de él bajaron cuatro hombres, tres de ellos con uniformes del Departamento de la Policía de Chicago, pese a que el Cadillac no llevaba los distintivos habituales de los coches de la policía, aunque sí las sirenas y los altavoces del exterior.

Al ver entrar a quienes creían agentes de la policía, los hombres de Moran no se alteraron; estaban acostumbrados a este tipo de visitas. Al fin y al cabo, a los miembros de las fuerzas del orden también les gustaba echar un trago de vez en cuando.

Sin entrar en detalles sobre las razones de la visita, el que no llevaba uniforme les enseñó la placa y les ordenó que se colocaran frente a la pared, cosa que todos hicieron de mala gana, pero en todo caso sin oponer resistencia.

A continuación, y sin previo aviso, los cuatro hombres desabrocharon sus abrigos y dejaron ver las ametralladoras Thompson que ocultaban. Pocos segundos después, abrieron fuego hasta vaciar los cargadores sobre los siete cuerpos.

La matanza del día de San Valentín


Nota: Después de aquella exhibición de fuerza, la banda de Moran se dispersó y su jefe se dedicó a robar bancos en solitario, lo que le llevaría a la penitenciaria de Leavenworth, donde cumpliría dos condenas de diez años cada una por reincidir en el mismo delito.

Elliot Ness

Dentro de la historia de la Cosa Nostra, Elliot Ness (1902-1957) es en realidad un personaje muy secundario, a pesar de la popularidad de la que goza por ser el responsable del encarcelamiento de Al Capone y por la indiscutible contribución del cine americano en la exaltación de su figura. Con tan sólo veintiséis años, Eliott Ness ocupó la jefatura de una unidad especial en la lucha contra el contrabando de bebidas alcohólicas. En colaboración con un grupo de veinte hombres a los que la prensa denominó Los Intocables, se convirtió en el principal quebradero de cabeza del mafioso de Chicago, al que acabó llevando ante los tribunales en 1931.

Eliot Ness

Tras la abolición de la “Ley Seca”, ocuparía el cargo de director de Salud Pública de la ciudad de Cleveland, y más tarde, durante la II Guerra Mundial, se haría cargo de la dirección de la División de Protección Social de la Oficina de Defensa. Finalizada la contienda, Eliot Ness trabajó en un negocio privado de seguridad hasta que falleció con cincuenta y cuatro años.


Los intocables de Eliot Ness

En 1987, el director de cine Brian de Palma dirigió la película Los Intocables de Elliot Ness, donde Kevin Costner y Robert de Niro dieron vida a los dos personajes principales de la historia; Elliot Ness y Al Capone, respectivamente.


De La Historia del crimen organizado, Agustín Celis Sánchez, Ed. Libsa, 2009


 

Página 1 de 2

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén

error: Content is protected !!