Je me souviens

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Je me souviens (Galería de Benedict W – 11 de febrero de 1997)

En uno de los libros que me he leído esta semana, Teatro de variedades, de Juan Bonilla, publicado por la editorial Renacimiento en el año 2002, me he topado con uno de esos textos que sé que ya nunca podré olvidar; mi agradecimiento me lo impediría. El texto en cuestión se titula Je me souviens y en él Bonilla rinde homenaje a George Perec, quien en 1978 publicó un curioso librito en el que llegó a recopilar un total de cuatrocientas ochenta anotaciones breves que comienzan todas precisamente con estas tres palabras: je me souviens (yo me acuerdo), para acabar incluyendo unas páginas en blanco en las que se invita a los lectores a que continúen con el juego que les propone el autor, escribiendo sus propios “me acuerdo” a modo de inventario.

Como Juan Bonilla, además de un brillante escritor de relatos breves, es también un bibliófilo empedernido, en su texto nos cuenta que desde hace años viene coleccionando ejemplares del libro de Perec, fatigando librerías de viejo y maravillándose ante el hecho de hallar ejemplares en los que sus anteriores propietarios no habían rehusado participar en el experimento que Perec les proponía.

“Me acuerdo de Zatopek”, “Me acuerdo de Xavier Cugat”, anota por ejemplo en las páginas de su libro George Perec. Y uno de sus lectores, según nos cuenta Bonilla, escribe: “Me acuerdo del sonido del mar por la noche”; o bien: “Me acuerdo de los muslos de un portero brasileño llamado Leao”. Y el propio Bonilla, partícipe privilegiado del proyecto, confiesa: “Me acuerdo del mono azul que fue el primer regalo que le hice a mi sobrino”, “Me acuerdo de todos los años que me diste aquella noche”.

Fascinado por el texto leído esta semana, no puedo resistir la tentación de incluir en esta entrada la reflexión última con la que Juan Bonilla cierra su sentido homenaje al escritor admirado:

“George Perec quiso darnos una lección con su libro tan aparentemente banal y a la vez tan absoluto, tan poca cosa y a la vez tan inalcanzable, tan abierto a colaboraciones de otros y a la vez tan personal, tan interminable y a la vez tan imposible de comenzar. Reduciendo su memoria a una pila de frases sin atractivo literario, nos enseñó que la literatura en esencia es eso: ofrecer memoria, invitar a hacer memoria, compartir recuerdos, añadir recuerdos a la bolsa donde guardamos todos los “me acuerdo” que son nuestra vibrante necrológica, que nos hacen ser quienes somos, criaturas que se diferencian apenas en el hecho de que uno se acuerda de los muslos de Leao y otro de las piernas veloces de Zatopek.”

Animado por la propuesta de Perec y de Bonilla, también yo me he dedicado estos días a reunir una treintena de esos recuerdos en uno de mis cuadernos. Consciente de que cada una de esas anotaciones es susceptible de ser ampliada en mayor o menor medida, me he decidido a incluir aquí tres de ellas, añadiendo algo del recuerdo que me sugieren:

1. Me acuerdo de don Eloy, el primer maestro que tuve en la EGB, quien durante cuatro cursos me enseñó a leer, a escribir y a pensar; no es poca cosa. Recuerdo que este hombre jovial y enérgico, que nos infundió a sus alumnos un sentido de la responsabilidad que aún perdura, vivía obsesionado por el temor de que nos olvidáramos de él. “Dentro de unos años no os acordaréis de mí”, nos dijo en más de una ocasión. “Me veréis por la calle y no me saludaréis porque no sabréis quién soy”. Y aunque nunca me he olvidado de él ni de sus palabras, siempre he temido que de una forma o de otra se haya cumplido su pronóstico. Lo cierto es que nunca más lo he vuelto a ver. Y ya no sé si es que nunca hemos coincidido, o si por el contrario alguna vez se cruzaron nuestros caminos sin que yo advirtiera que ese anciano que me observaba en silencio era él y yo no supe verlo. Y la verdad es que lamento que esto haya podido ocurrir, y que él pensara entonces que este hombre al que él quiso tanto cuando era niño también lo ha olvidado.

2. Me acuerdo de la tarde en la que supe que mi madre había muerto. Ocurrió dos días antes de que mi padre me lo confirmara mientras yo lloraba abrazado a él. La noticia nos la trajo, con una urgencia impúdica, un telegrama que había sido enviado desde Londres. Recuerdo que fui yo, con catorce años, quien primero leyó el breve y condolido mensaje, redactado en un lenguaje formular que aún hoy recuerdo como un insulto. Y me acuerdo de la mentira cargada de piedad con la que mi hermano mayor trató de paliar entonces mi confusión y mi miedo. Desde entonces no puedo evitar sentir una repugnancia instintiva hacia cualquier forma de compromiso.

3. Me acuerdo de la inocente angustia que sentí la primera vez en mi vida que no hice los deberes de clase. Tenía yo diez años y sencillamente se me olvidó. Eran unos ejercicios de matemáticas que don Eloy nos había mandado hacer para el día siguiente.  Recuerdo mi sobresalto de madrugada y el libro de la editorial Santillana con los enunciados en negrilla. Me recuerdo encendiendo a escondidas la luz de la mesita de noche para que nadie descubriera mi falta, y las palabras de mi madre preguntando qué era lo que me pasaba para que aún no estuviera dormido. Y el modo que tuvo de tranquilizar mi inquietud asegurando que no había de qué preocuparse, que no pasaba nada, que no era tan grave, que solo debía decir la verdad y que don Eloy sabría entenderlo. Y recuerdo dos cosas más: que al día siguiente no fui capaz de confesar el “delito” que tanto me avergonzaba y que efectivamente no pasó nada; sencillamente aquel día, durante la corrección en clase, el maestro no me preguntó a mí y nunca supo lo que había ocurrido. Creo que fue en aquella ocasión cuando aprendí el significado de la palabra impunidad.

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Buscando en internet he encontrado el texto de Juan Bonilla al que hago alusión en el post: Je me souviens

Una curiosidad radiofónica sobre el libro de George Perec

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4 comentarios en “Je me souviens

  1. Bonilla es un gran escritor de relatos breves.

    Leí el pasado verano “Basado en hechos reales” y me pareció muy bueno.

  2. Je me souviens de ma petite robe blanche que j´adorais quand j´avais 4 ans…elle avait des petites coccinelles rouges brodées.
    Je me souviens de la neige,j´avais un bonnet en laine blanc et le visage tout froid.
    Je me souviens de l´odeur du salon quand ma mère repassait et je la regardais.
    Je me souviens du soleil d´hiver dans le pré, devant le cimetière, où on allait avec mes
    cousins pour attraper des sauterelles.
    Je me souviens de l´odeur des lilas fraîches que je n´ai jamais retrouvé.
    Je me souviens du train et de la mer, des grosses valises, de la gare,
    et de notre arrivée.
    Ce soir, je me souviens de tout ce que j´ai oublié.

    No he podido evitarlo…
    la tentación del recuerdo compartido flotando a la deriva…

    Te sigo. Me gusta lo que escribes y como lo escribes.

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