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Rebabas IV - Fotograma de la película Matrix

Rebabas, IV

 


BREVES REFLEXIONES SOBRE LENGUAJE INCLUSIVO

He oído que Fulanito de Tal cuestiona el lenguaje inclusivo y se niega a abandonar el “nosotros” en favor del “nosotr@s”, del “nosotros y nosotras” o del “nosotres”. ¡Qué grave! ¡Qué grave! ¡Qué terriblemente grave!”

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Se trata de una reunión de cuatro amigos.

Fulano es un defensor a ultranza del lenguaje inclusivo y perora apasionadamente desde el púlpito en el que se ha instalado con fervor.

Mengano, que es un provocador, intenta rebatirle. Para él, resulta redundante la insistencia. El lenguaje, dice, es ya de por sí inclusivo, y se atreve a afirmar que, en español, el masculino plural engloba al femenino, además de recordarnos a todos las teorías del término marcado y no marcado.

Zutano, que es más provocador aún, alterna entre uno y otro. Cuando se refiere a Mengano y a los que piensan como él, dice “vosotros”. En cambio, cuando se refiere a Fulano y a los de su cuerda, dice “vosotras, vosotros y vosotres” en un alarde de inclusión sin límites.

Yo los observo, sonrío y callo. Cobarde que es uno.

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Me acuerdo de mi profesora de Filosofía del Lenguaje en tercero de Filosofía y Letras. “¿Cambiemos el lenguaje para cambiar la sociedad, o cambiemos la sociedad y cambiará el lenguaje?”, nos preguntó.

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Hoy he probado a decir “todes”, “nosotres” y “elles” y he creído renacer. He experimentado una epifanía. Me he descargado de prejuicios. Es lo que tiene comulgar. Se siente uno redimido.

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Juro que la semana pasada vi en la tele cómo una periodista entrevistaba a un grupo de jóvenes y les preguntaba por el nuevo uso inclusivo de la “e”.

– ¿Vosotros decís “todes, nosotres y elles”? – les preguntó.
– Yo no lo digo todavía – respondió uno de ellos –, pero si hay que decirlo, se dice.

Se me cayó la mandíbula. Dijo: “si hay que decirlo, se dice”. ¡Si hay que decirlo…!

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Enciendo la televisión, observo a alguien defender la imposición del uso inclusivo de la arroba (@) en la comunicación escrita y creo ver a un cura dándole la comunión a los pobres.

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Todos, todas y todes. Es el último grito en aceptación de las diferencias sociales. ¡Muy bien! ¡Estupendo! Pero por qué otra vocal abierta. ¿Por qué siempre la “a”, la “o” y la “e”? ¿Qué tienen en contra de las vocales cerradas? ¿Por qué tanto desprecio hacia la “i” y la “u”? ¿Las consideran, acaso, vocales menores? ¿Será posible que se atrevan a tanto? ¡Aceptación de las minorías, ya!

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Como últimamente es mi tema de conversación favorito, me pregunta la ilustrada y reflexiva Fulanita de Cual: “¿Qué es eso del lenguaje inclusivo? Yo solo veo una imposición totalitaria que amenaza con atentar gravemente contra la libertad de expresión”. Y no puedo evitar abrir de par en par los ojos y la boca. ¡Fulanita de Cual! ¡Una mujer! ¡Qué escándalo, qué escándalo!

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Colección de hallazgos repentinos de distintas conversaciones de estos días en los que tan aburridos estamos:

“¡Qué gracia me hace esa indignación tan impostada de quienes, recurriendo a la estrategia victimista de corte pasivo-agresivo, pretenden imponernos una manera de escribir, de hablar y hasta de pensar!”

“Coge el periódico o abre las redes sociales. Busca en ellos los últimos escándalos sobre supuestos atentados contra el lenguaje inclusivo. Y luego estudia detenidamente las novedosas tácticas de censura política y social”.

“Y por cierto. ¿Todo esto del lenguaje inclusivo, qué es: ideología, doctrina o praxis?”

“Quizá debamos volver a recordarnos, de nuevo, que dos ideologías contrapuestas, llevadas al extremo, se rozan y confunden”.

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Imagen destacada: Fotograma de la película Matrix, dirigida por The Wachowski


 

Instrucciones para convertirse en tirano - El orador, de Zeller

Instrucciones para convertirse en tirano


Si eres de los que se han unido a la lastimera corriente, tan actual, de la gente pasiva-agresiva, estás en inmejorables condiciones de entender esta entrada de hoy. Si eres un ser retorcido y mezquino, si anhelas tu cuota de poder y de influencia a toda costa y no sabes cómo conseguirla, si te has ganado la repulsa de muchos porque realmente eres una criatura repugnante, no te preocupes. No te desanimes. También tú puedes tener tu oportunidad. Basta con que sigas, en diez sencillas fases, estas breves instrucciones para convertirse en tirano.

Fase 1

Sufre. Sufre mucho. Sufre por todo.

Procura que tu piel sea tan fina que todo te dañe, que todo te duela. Conviértete, cuanto antes, en la criatura más sensible que imaginarse pueda.

Fase 2

Convéncete de tu sufrimiento.

Mírate a diario en el espejo y siente lástima de ti mismo. Al fin y al cabo, bien lo sabes, nadie te comprende. Solo tú sabes lo que has sufrido. Solo tú entiendes lo que llevas pasado.

Fase 3

Proyecta una imagen de víctima.

Pero no te rindas. No te lo guardes para ti. No te ocultes. No sufras en silencio. Exteriorízalo. Dale visibilidad. Publicita tu sufrimiento. Repítete muchas veces que el mundo está lleno de gente como tú y, aunque tú seas el que más sufre, trata de empatizar, por mucho que te cueste, con el sufrimiento de los demás. ¡Sufridores del mundo, uníos!

Fase 4

Encuentra enemigos a quienes culpar.

He aquí un punto de inflexión en tu imparable carrera hacia la tiranía. El enemigo es la pieza clave del juego. Empieza a cultivar enemistades, pero nunca concretes demasiado. ¿Por qué imponerse límites? Siembra pensando en el futuro y vela por tu asalto al poder, pero hazlo de tal modo que cualquiera pueda ser un adversario. No le cierres la puerta a la retroalimentación; que todo el que no se avenga a tus deseos sea considerado un enemigo a batir.

Fase 5

Emprende las primeras maniobras de acusación.

Acusa a diestro y siniestro y observa luego cómo actúa la gente. Descubrirás que a tu alrededor se forman dos grupos claramente definidos; por una parte, el de los virtuosos que tratarán de protegerte, aclarar la situación y solucionar el conflicto; por otra, el de los perversos como tú que a la larga habrán de convertirse en tu fuerza de asalto. Gánate a estos últimos para tu causa.

Fase 6

Permite que los virtuosos actúen y disfruta del espectáculo.

Ya verás qué divertido. Por fin empiezas a ser protagonista. Disfrútalo con una sonrisa interior. El mundo está lleno de gente así… ingenuos y salvadores que tratan de poner orden donde otros, como tú, solo buscan obtener una ganancia. Permíteles que realicen su labor de limpieza, pero no te mezcles con ellos. Tú juegas en otra liga. Diferénciate. Puesto que a ti no te interesa solucionar el conflicto sino lograr el poder, mientras los virtuosos pierden el tiempo protegiéndote, concentra todos tus esfuerzos en desarrollar la fase 7 de la operación.

Fase 7

Conquista a los perversos y destruye el nivel ético y moral de tu entorno.

No te resultará difícil. Ya te has destacado. Te has hecho visible y eres el referente de cuantos son como tú, que viven esperando nuevas dosis de carnaza. Sigue acusando. Retroalimenta el conflicto. Mina la confianza depositada en quienes buscan soluciones. Si realizaste bien la fase 4, no te resultará difícil cuestionar la labor emprendida por los virtuosos. Siembra la discordia a tu alrededor. Ya estás muy cerca de conseguirlo: mantente activo y haz uso de toda la toxicidad que llevas dentro. Comprobarás cómo los pusilánimes, los perversos y cuantos se creen víctimas se alejan de las soluciones propuestas por los salvadores y empiezan a orbitar alrededor de su estrella madre, que eres tú.

Fase 8

Disfruta de tu liderazgo.

Échale un vistazo a tu obra. Como fuiste tú quien inició el conflicto y has sabido alimentarlo, habrá muchos que se sientan intimidados por ti, temerosos de verse también ellos acusados, amedrentados por tu forma de operar. Aprovecha ahora la ocasión para hacerte con el poder que tu mezquindad tanto anhela. Ya verás lo fácil que te resulta. ¿Quién te lo va a impedir? Tus enemigos iniciales ya fueron eliminados por los salvadores y virtuosos que un día te protegieron.

Entiende bien lo que ha ocurrido: tus antiguos defensores están agotados por el esfuerzo realizado y, además, no es de extrañar que se encuentren con la moral baja, puesto que las acciones llevadas a cabo por ti durante las fases 7 y 8 han neutralizado toda la influencia que tuvieron en el pasado. Comprenderán que nada ha servido para nada, que lo realizado no proporciona frutos duraderos, y, decepcionados, abandonarán la lucha. También ellos están listos para capitular.

Fase 9

Inicia la purga.

Todos los tiranos de la historia han protagonizado su purga. Consiste esta en la eliminación sistemática y selectiva de actores y testigos. Empieza por cuantos te ayudaron y protegieron, pero no te impongas límites. Sobrepásalos todos. Al fin y al cabo, tú eres un monstruo. Compórtate como tal.

Fase 10

Haz que los otros sufran como tú sufriste.

Has alcanzado tu meta. Por fin obtuviste el poder. Ya te convertiste en tirano. No decepciones a tus hordas de pusilánimes, perversos y antiguas víctimas. También ellos precisan de sus pequeñas cotas de poder y de influencia. Y también ellos necesitan satisfacer sus miserables deseos de venganza. Dale vía libre a su depravación. Comprende que solo para eso te entregaron a ti su voluntad. Si lo que buscas es seguir sentado en el trono del tirano, no los incomodes. Estás obligado, como todos, a permitir que se cumpla el ciclo de toda tiranía. Es la hora y es el momento. Disfruta de la penosa situación que creaste. Observa cómo los oprimidos se convierten en opresores.


Imagen destacada: El Orador, de Magnus Zeller, 1920.


Quino

Rebabas, III


No sé si es por influencia de las redes sociales o qué, pero lo cierto es que vivimos en una época peligrosamente exhibicionista. Todo el mundo se autoanaliza en público. Voy a ver si lo practico también yo un poco.

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Es difícil dedicarse a la enseñanza y evitar la tentación de convertirse en un predicador. A veces creo que lo consigo.

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¿En serio pretendes seguir al pie del cañón sin que te acusen? Bueno… puedo llegar a entenderlo. Tú mismo. Pero permíteme una sugerencia que no llega a consejo. Aprieta la mandíbula, respira hondo y conviértete cuanto antes en acusador.

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Una y otra vez, vuelta a empezar. Siempre encerrado y en busca de una salida posible, en ocasiones logro abrir una puerta y descubro que da acceso a una sala con otras mil puertas cerradas. Y sé que solo una podrá abrirse.

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Al igual que Hamlet, cometí el error de creer que cuanto me rodea está desquiciado, y, como consecuencia de ese error de apreciación, traté de enmendarlo. Mal hecho. Como él, como tantos, también yo fracasé en el intento. Al parecer, es algo que suele ocurrir. Que vengan otros y lo hagan mejor. Yo me rindo.

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Hay gente tan pobre de recursos que solo utiliza la queja como medio de alcanzar sus fines.

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Hay quienes, para demostrar su amor, se dedican a estudiarte las heridas.

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No importa lo hermosa que sea la realidad. Lo que termina imponiéndose es tu mirada. Cuando te sientas frustrado, echa mano del kit completo de explorador y dedícate a hurgar en ella. Practica la espeleología y la bajeza. Ya verás qué de sorpresas te depara el asunto. A lo mejor hasta descubres toda la sordidez que llevas dentro.

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¡Qué agotador resulta hablar con los demás! De todo tienen una opinión formada.

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Puesto que tengo una paciencia elástica, asumo como inevitable el superávit de opinión que padezco a diario. Vale, lo acepto sin esfuerzo, pero por favor… que no me pidan que me una al club. ¿Mi opinión sobre tal o cual asunto? No, mire…

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¡Basta de monsergas! Lo único que permanece después del naufragio es el recuerdo. El problema es que cada cual tiene el suyo.


Imagen destacada: Viñeta de Quino.


Rebabas

Rebabas, II


Establecer límites

Establecer límites

 


El oficio de vivir está plagado de sencillas reglas no escritas que conviene tener siempre presentes para poder mantenerse a flote con unas mínimas condiciones de dignidad y decoro.

Una de estas leyes podríamos enunciarla así: “si intentas siempre evitar las dificultades, tarde o temprano te meterás en problemas”.

A cualquier persona le conviene saber cuanto antes que estar vivo conlleva hacer frente a permanentes batallas y desafíos. Que estos son inevitables. Que estamos inmersos en luchas de intereses que nos van a obligar, en ocasiones, a mantener posturas ofensivas que disuadan la resistencia y la hostilidad de los demás. E incluso que urge vencer cuanto antes el temor de enfrentarse a la agresividad de los más violentos si lo que se pretende es tener la fiesta en paz y vivir tranquilos.

Puede parecer una paradoja pero no lo es. Por supuesto, no se trata de avasallar. Se trata simplemente de no dejar que nos avasallen.

Es una postura que aprendí a adoptar, de manera intuitiva, en la primera infancia, cuando uno era un niño introvertido y pacífico que iba mucho a lo suyo, sin meterse con nadie, y aún así se veía molestado, sin comerlo ni beberlo, por quienes eran más violentos y pretendían imponer, por la fuerza, sus propios intereses.

Luego he tenido ocasión de reflexionar sobre todo esto y ahora puedo decir que fue mi hermano David la primera persona que me enseñó, con su ejemplo, que ante los agresores no vale mantener una postura pasiva. Que la pusilanimidad y el retraimiento nunca son la solución; al contrario, la mayoría de las veces son la fuente de la que manan todos los conflictos. Como sabemos todos los que trabajamos en el ámbito educativo, por desgracia el niño que no le hace frente a quienes lo avasallan acaba siempre avasallado.

Es muy loable no querer meterse en problemas, claro que sí. De hecho, ese es el objetivo. Pero aún es más digno de elogio el saber hacerse con las herramientas que nos protejan de los problemas cuando estos sobrevienen; y también el aprender a librarse del miedo y la culpa cuando nos vimos obligados a actuar para evitar sentirnos sometidos por aquellos que trataron de someternos.

Nunca amilanarse ante los agresivos, e incluso ante los pasivos agresivos, que tanto abundan hoy día, podría ser otra de esas reglas a tener en cuenta. Si eres sumiso, cosecharás los frutos de la sumisión. Si lanzas al aire el mensaje de que harás todo lo posible para evitar problemas, nunca te librarás de la extorsión de los violentos, que establecerán contigo una relación de explotación.

Lo que urge es establecer límites. Mostrar cuanto antes que hay líneas que no deben cruzar. Que no estás dispuesto a dejar que nadie te mangonee. Que preferirías no tener que luchar pero que estás preparado para la lucha. Que no eres un enemigo a batir pero que estás dispuesto a batirte con todos aquellos que se empeñen en considerarte un enemigo.

Por cuestiones laborales que ahora no vienen al caso, he tenido muy presente todas estas ideas en los últimos meses. Y todo lo ocurrido me ha hecho recordar un viejo artículo que publiqué hace 12 años en un periódico local y hace 6 en mi antiguo blog, ahora convertido en mi página web. Lo he vuelto a leer esta semana y me sigue gustando mucho. Me gusta hasta el título:La necesidad de batirse”. Y es que se trata de eso; de que a menudo no queda más remedio que batirse en duelo si luego vamos a querer mirar nuestro rostro reflejado en el espejo sin sentir vergüenza de nosotros mismos.


Imagen destacada: Los proverbios flamencos, de Peter Brueghel, el Viejo, 1559


 

Rebabas - Hasta la muerte

Rebabas, II


El dudoso arte de hablar y escribir atropelladamente, sin atender realmente a lo que estamos diciendo, ha alcanzado tal grado de perfección en nuestros días que nos hemos visto obligados a inventar las redes sociales.

* * *

No puedo resistir la tentación de preguntarme, en ocasiones, cómo es posible que siga habiendo gente, yo mismo, empeñada en mantener todavía la compostura.

* * *

En esta guerra moral que nos ha tocado vivir, me resulta mucho menos peligrosa la verdad siempre clásica del malvado que las nunca renovadas mentiras del virtuoso.

* * *

La saludable costumbre de ceder ante algún que otro arrebato que me haga blasfemar contra todo lo que se menea me causa tanta liberación, que no concibo cómo puede haber gente que practique las frustrantes recetas de felicidad que proponen los libros de autoayuda.

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No existe mayor impostura que la de haber comprendido lo que sucede y seguir empeñados en fingir que ponemos nuestro granito de arena en este gran simulacro de progreso y bienestar.


 

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