La Serrana de la Vera

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La leyenda dice que era de Garganta la Olla, en la Vera de Plasencia, Cáceres, y que por unos amores fraudulentos se echó al monte y allí vivió como una alimaña acosando a todo hombre desprevenido que anduviera por la sierra.

Debió de ser una mujer de armas tomar, hermosa, rubia, rasgada de ojos y llena de peligros. Demasiada mujer. Un día se enamoró del hidalgo que le prometió el anillo y terminó vencida. Le puso la miel en los labios y le enseñó después que no se metió en su cama para quedarse. La historia de siempre: la pobre pastorcilla, hija de labriegos, que se encapricha del buen mozo que la burla y la ofende después de la gozadera y los sueños. Lástima que no hubiera por allí un buen pastor que compensara el ultraje. O no lo encontró.

La chica se lo tomó a mal y huyó para esconderse en los bosques. Eran otros tiempos. Nuestros autores del Siglo de Oro lo dejaron escrito con diversas variantes que yo ahora reinvento. Cualquiera que se haya interesado por los romances conoce el fin de la historia.

Pasó el tiempo y por el pueblo se difundió la creencia de que todo hombre que se adentraba en la sierra desaparecía de modo misterioso. Ya pocos recordaban a la joven burlada años atrás que huyó a la sierra acosada por el desengaño. Nadie la siguió ni la echó de menos. Ninguno en el pueblo le dijo “quédate”. Todos la olvidaron.

La serrana de la Vera
La Serrana de la Vera

La historia nos llegó por un viajero que escapó a su acoso y vino con el cuento y hasta entró en detalles.

Caía ya la noche en el bosque cuando por sorpresa se encontró a la mujer. Le pareció hermosa y decidió seguirla. Enseguida llegaron las confidencias y lo vio claro. Quizá ella fue generosa y lo invitó a su cueva. Por el camino le anticipó algo de lo que vendría después y terminó convencido.

Ya a cubierto, le dio yesca y pedernal para que encendiera el fuego. A la luz de la brasa, el caminante reparó en las intenciones de la bella: las paredes del refugio estaban cubiertas con las calaveras de los hombres a los que allí mismo había dado comida y lecho.

Luego vino la abundante cena y la buena noche. La serrana se mostró ducha y cariñosa y el caminante se dijo que bueno, que ya que tenía que morir en aquellas extrañas circunstancias más valía hacerlo satisfecho y aliviado. Así que se entregó en los brazos del peligro sin reservas, o así al menos dejó dicho después. Se desfogó con la serrana con ese desprendimiento desesperado del que sabe que sólo dispone de una oportunidad, y tanto se entregó a ella que consiguió calmarla y complacerla y dormirla. Y todavía le sobraron algunas fuerzas para salir corriendo.

Cuando llegó al pueblo y contó la aventura todos comprendieron la atroz venganza de la joven y el destino que habían corrido todos los desaparecidos en la sierra. Hubo voces que clamaron al cielo exigiendo reparación. Se crearon grupos de exaltados que pronunciaron palabras de muerte. Y todos, conducidos por el viajero, se adentraron en la noche para aniquilar a la serrana como a un animal humillado incapaz de oponer resistencia.

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Para quienes quieran saber más sobre El mito de la Serrana de la Vera, aquí dejo el enlace a un curioso estudio de don José María Domínguez Moreno, publicado en el nº 52 de la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz, en 1985.

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Romance de La Serrana de la Vera

Allá en Garganta la Olla
en la vera de Plasencia,
salteóme una serrana
blanca, rubia, ojimorena;
trae recogidos los rizos
debajo de la montera;
al uso de cazadora
gasta falda a media pierna,
botín alto y argentado
y en el hombro una ballesta

Sus cabellos destrenzados
con los arcos de sus cejas
flechas arrojan al aire,
y en el aire las flechas vuela

De perdices y conejos
sirvióme muy rica cena,
de pan blanco y de buen vino
y de su cara risueña
Si buena cena me dio
muy mejor cama me diera;
sobre pieles de venado
su mantellina tendiera
aguárdate, lindo mozo,
vuélvete por tu montera.

La montera es de buen paño,
¡pero aunque fuera de seda!
¡Ay de mí, triste cuitada,
por ti seré descubierta!
descubierta no serás
Hasta la venta primera.

Romance antiguo (Popular)

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