Ganas de decir ¡Basta!

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De lo que uno empieza a tener ganas,

pero de verdad, de verdad,

es de quitarse el disfraz humillante

(hecho con retales de mentira)

de hombre discreto y educado,

de esposo y padre ejemplar,

de trabajador decidido,

de ciudadano responsable

y de puntual contribuyente.

De lo que uno empieza a tener ganas,

pero de verdad, de verdad,

es de mirarse al espejo con ojos renovados

y no frustrar el amago permanente de quitarse la careta,

ceder de una vez al impulso desmaquillador

y airear por fin la verdad:

la frustración encadenada,

la rabia contenida,

la indignación manifiesta

y el vómito tragado a cucharones.

Porque uno empieza a tener ganas de decir ¡Basta!

Qué liberador debe de ser mirarse en el espejo y tener el valor de contemplar aquello en que lo han convertido a uno:

Un hombre troquelado en serie,

ligeramente depredado,

sutilmente desarmado,

hábilmente enjuiciado

y permanentemente reprimido.

¡Qué ganas de dejar de estar sometido a contribución pública!

¡Qué ganas de decir basta y empezar a creer

(hasta con violencia)

que es posible dejar de estar reformado,

humillado,

ultrajado,

traicionado

y contenido!

Porque ocurre que ya uno empieza a perder la paciencia, y las que siempre parecieron posturas excesivas ahora comienzan a convertirse en perfectamente razonables…

¡Qué ganas de salir a la calle

(superando el pudor de ser un villano)

y adoptar

(por qué no)

la brutal actitud de un duro de película,

y comportarse

(qué remedio)

como un bestia entre los bestias.

Mirar cara a cara a los nuevos amos,

de frente y con mala hostia…

Escupir por el colmillo y tener preparado el insulto oportuno

y la frase cinematográfica:

– ¡Venga, hijo de puta! Alégrame el día…

O bien esta otra:

-¿Nunca os habéis cruzado con alguien al que no deberíais haber puteado? Pues ese soy yo.

___________________

Reflexión última: Me levanté creyendo ser un profesor indignado y me acuesto fingiendo que soy un poeta beligerante y quizá comprometido. ¿Se puede caer más bajo?

Clint Eastwood en Gran Torino

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2 comentarios en “Ganas de decir ¡Basta!

  1. Yo que tú no me hubiera torturado con la reflexión última.
    Ya has dicho ¡basta! en tus versos previos…O así lo veo yo al menos.

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